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Germán Martínez Cázares
Germán Martínez Cázares
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09 Junio 2009 03:57:56
Chihuahua
“Llegamos a mi parque”, dijo don Luis H. Álvarez cuando la camioneta arribó al Parque Lerdo de la ciudad de Chihuahua.

El sábado pasado, en gira de campaña electoral, fuimos a Chihuahua con Blanquita Magrassi, la esposa de don Luis, y Josefina Vázquez Mota (por cierto, vecina de Chihuahua por muchos años) para apoyar y agradecer el trabajo que están realizando los candidatos a diputados federales de esa tierra, la tierra donde nació el fundador del PAN, Manuel Gómez Morín.

Precisamente en esa plaza, en julio de 1986, Luis H. Álvarez mantuvo, junto con otros dos chihuahuenses (el empresario Francisco Villarreal y el doctor Víctor Manuel Oropeza, éstos en Ciudad Juárez), un ayuno público para exigirle al gobierno priísta de Miguel de la Madrid el respeto al voto de los ciudadanos y el repudio enérgico a un fraude electoral que pretendía arrebatar los triunfos del Partido Acción Nacional.

La exigencia democrática de Chihuahua pronto se convirtió en reclamo nacional y es justo reconocer que de ese episodio nacional, encabezado por ese hombre honesto, cabal y demócrata, don Luis H. Álvarez, surgió el México democrático moderno en el que el acceso al poder no se define, como en tiempos del PRI autoritario, por la voluntad de una sola persona, sino que se decide por la voluntad ciudadana, en urnas transparentes y con una credencial para votar con fotografía.

Desde entonces, don Luis H. Álvarez, presidente municipal de Chihuahua, con 67 años de edad, se convirtió en un símbolo de la lucha democrática panista y de la democracia mexicana.

“Yo no soy símbolo de nada”, decía en aquel entonces. “Soy solamente un hombre de convicciones que cree en la democracia y actúa en consecuencia. Las circunstancias me han colocado en un sitio prominente, pero mi lucha, mi esfuerzo, mi sacrificio no son mayores que los de muchos chihuahuenses y muchos mexicanos”.

Y explicaba: “Mi decisión pudiera ser explicable como miembro de un partido político; pero no fue así: lo hice porque pienso que mi responsabilidad primera como alcalde es velar por el pleno disfrute de las libertades cívicas y el respeto a los derechos humanos de los habitantes del municipio. Me preocupa e indigna el atropello que han sufrido los panistas; pero por igual me agrede que a otros chihuahuenses se les coarten sus derechos y sus libertades”.

Pronto el “caso Chihuahua” tuvo respaldo nacional. Octavio Paz, Juan García Ponce, Héctor Aguilar Camín, Enrique Krauze, Ramón Xirau y Gabriel Zaid, entre otros, reclamaron comicios limpios.

Poco a poco se consiguió que el voto se convirtiera en el instrumento legitimador de la autoridad. Poco a poco se acordaron las bases para emitir y contar, en libertad y sin simulaciones, todos los sufragios.

Esa lucha no fue sencilla. Costó el esfuerzo y el sacrificio de muchos mexicanos. No se puede debilitar con ese llamado a la abstención o ese famoso voto en blanco o nulo.

El voto en blanco debilita nuestra democracia y allana el camino de regreso al gobierno autoritario. ¿O qué? ¿No somos aptos los mexicanos para la democracia? Eso creen los pontífices del voto nulo, como los llamó, con razón, Macario Schettino.

***

El estado de Chihuahua ocupa el primer lugar nacional en homicidios. La procuración de justicia en esa entidad se distrae persiguiendo al adversario político del gobernador, Juan Blanco, también alcalde de Chihuahua y candidato a diputado por el PAN. Juan Blanco será diputado, ni siquiera el triunfo del voto en blanco se lo podría impedir.

Presidente nacional del PAN
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