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Gerardo Hernández
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07 Septiembre 2019 04:07:00
Chivo en cristalería
Los presidentes de ultraderecha son auténticos chivos en cristalería. En Brasil, Jair Bolsonaro –el Trump de Sudamérica– resultó peor que los últimos líderes de izquierda. Así lo demostró en la crisis por el incendio en la Amazonia, según narra Gerardo Moyano en el nuevo número de Espacio 4.

“Ni los insultos a las mujeres, indígenas, negros y homosexuales, ni sus alabanzas al ‘pasado glorioso’ de la dictadura militar le han costado tanto desgaste al presidente brasileño Jair Bolsonaro como el manejo de la crisis desatada por los recientes incendios en la Amazonia. Con apenas un 29% de aprobación en agosto, el exmilitar se ha convertido en el Mandatario de Brasil peor calificado en los primeros ochos meses de Gobierno, según la última medición de la encuestadora Datafolha (01.09.19).

“El 51% de los encuestados consideró ‘malo o muy malo’ el manejo de los incendios, pero también perdió puntos por la confrontación con los gobernadores del noroeste (a quienes llamó ‘paraibas’, en referencia a la región pobre del norte del país) y la intención de nombrar a su hijo Eduardo Bolsonaro como embajador en Washington, entre otros temas.
“Bolsonaro, el último referente de una oleada de gobernantes de derecha que está alcanzado el poder con discursos racistas en varias partes del mundo, no solo considera la protección de la selva tropical más grande del planeta como un impedimento para el desarrollo económico del país, sino que ha llegado al extremo de culpar de los incendios en la zona a ambientalistas, ‘que quieren llamar la atención contra mí’.

“También se ha confrontado verbalmente con el presidente francés Emmanuel Macron, quien pidió a la Unión Europea que presione comercialmente a Brasil para que mejore su política medioambiental. Bolsonaro tachó a Macron de ‘imperialista’, se burló de la edad de su esposa y prometió no utilizar más bolígrafos de la marca Bic ‘por ser franceses’. Incluso se ha enfrentado a obispos de la Iglesia católica, quienes se declararon ‘junto al papa Francisco’ como ‘defensores intransigentes’ de la preservación de la selva.

“Su desdén a la ayuda internacional ofrecida por el G7 (22 millones de dólares), por considerarla una ‘amenaza a la soberanía nacional’ y su preferencia comercial hacia Estados Unidos, lo ubican como un populista peligroso para el futuro del planeta, junto a Donald Trump.

“‘(Ambos mandatarios) Tienen una visión del mundo que es muy semejante’, dice el canciller brasileño Ernesto Araújo, quien el pasado 30 de agosto se reunió con Trump en la Casa Blanca para negociar ‘un acuerdo de libre comercio muy ambicioso, que para Brasil ha sido durante muchos años un sueño, pero que gobiernos anteriores denegaron por una tendencia antiamericana que correspondía a los intereses de su partido’ (El Nuevo Herald, 03.09.19).
“Para revertir esa ‘tendencia’ que caracterizó al izquierdismo de Lula da Silva y Dilma Rousseff –durante los cuales la deforestación de la Amazonia se redujo 60%–, Bolsonaro comenzó a recortar el presupuesto de las agencias de protección ambiental, relajó lo controles de quema de pastizales y se lanzó contra ambientalistas y comunidades indígenas ‘que se oponen al desarrollo’.

“También trasladó el Servicio Forestal Brasileño del Ministerio de Ambiente al de Agricultura e impulsó la idea de que los fiscales agroambientales ya no iban a ‘molestar’ a los agricultores y ganaderos. “El Gobierno creó una sensación de impunidad entre los agricultores que estaban dispuestos a cometer actos ilegales para deforestar, dijo Rómulo Batista, de la Campaña Amazonia de Greenpeace Brasil”.
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