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Javier Villarreal Lozano
Javier Villarreal Lozano
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24 Octubre 2019 04:06:00
Cifras de espanto
Al pensar en el enfoque que debería tener este artículo semanal privó la intención de abordar cuestiones ajenas a la política y a la nota roja. La idea partió del convencimiento de que los medios masivos de comunicación ofertan ya noticias y opiniones suficientes sobre los dos asuntos.

Sin embargo, parafraseando la antigua frase: “El hombre propone y Dios dispone”, el proyecto propuso, pero la dura realidad y la avasalladora inseguridad son las que ahora disponen, y evadirlas resulta poco menos que imposible.

A propósito de esto, algunos biógrafos del enciclopédico don Alfonso Reyes, uno de los intelectuales insignia del México del siglo anterior, relatan desconcertados cómo el regiomontano se dedicó a escribir en 1911 su libro Cuestiones Estéticas, cuando el país se encontraba en llamas a causa de la revolución. Dos años después, su padre moriría al encabezar un fracasado golpe de estado contra el presidente Madero.

Don Alfonso tendría sus razones para voltear hacia la estética y el mundo griego en momentos tan convulsos, pero hoy, en las condiciones por las que atraviesa el país, y después de los acontecimientos en Culiacán, no referirse a la espiral de violencia sería tanto como imitar a los avestruces, de los que se dice esconden la cabeza en la tierra para no ver lo que ocurre a su alrededor.

Buscando tema para este artículo, en la diaria lectura de Zócalo salta uno de los párrafos de la siempre bien informada columna Palacio Rosa donde se asienta: “Los números no mienten y a menos que el Gobierno de Andrés Manuel López Obrador tenga otros datos, Guanajuato, Estado de México, Jalisco, Baja California, Michoacán, Chihuahua, Guerrero y Puebla fueron los estados más violentos en la semana del 11 al 17 de octubre”. (567 asesinatos antes
del infernal jueves de Culiacán).

Más adelante, la columna hace un recuento estremecedor: Los homicidios registrados esa semana equivalen a 81 cada 24 horas. “Ni más ni menos”. Siguiendo el cálculo aritmético, eso significa 3.37 homicidios cada hora o, lo que es lo mismo, cada 60 minutos tres mexicanos pierden la vida víctimas de la violencia imperante. ¡Espantoso!

Utilizando como promedio los datos de Palacio Rosa, en un año se registrarían 29 mil 565 muertes violentas, es decir, 6 mil 294 más que la totalidad de los habitantes del municipio de Arteaga. El Inegi contabilizó allí 23 mil 271 en 2015.

Los opinadores –conservadores, según el lenguaje presidencial– insisten en las evidentes fallas en el operativo mal montado en Culiacán para la detención del hijo del “Chapo” Guzmán, y la mayor parte de los informativos del mundo consideran la posterior liberación del aprehendido como una muestra de extrema debilidad del Gobierno mexicano. En otras palabras: cargamos con los muertos y con el ridículo internacional en el mismo paquete.

Sería injusto culpar de la violencia imperante a Andrés Manuel López Obrador. Esta se desató desde hace ya casi 13 años, en diciembre de 2006, con la guerra declarada por el expresidente Felipe Calderón. Pero sí debe exigírsele a él y a su Gabinete de Seguridad el diseño de una estrategia clara, viable, porque hasta ahora todo ha sido bandazos y discursos, como quedó lamentablemente demostrado con el torpe operativo para la captura de un capo y las confusas y contradictorias versiones oficiales para tratar de explicar lo inexplicable.

¿O debemos esperar a que en 2020 vuelvan a morir más mexicanos que los que viven en un municipio como el de Arteaga?
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