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Dalia Reyes
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29 Junio 2019 04:00:00
Cilantro y perejil
El perejil no interesaba tanto a las madres en ese tiempo; el cilantro, en cambio, era producto de la canasta básica con tal suerte que podía conseguirse a unos pasos de cualquier casa: si no lo cosechaba la cocinera en su patio, una hortaliza cercana lo ofrecía por cincuenta centavos.

Nosotros lo comprábamos con don Agapito, cuyo sembradío se extendía casi hasta las lindes de mi casa; por el otro lado, nunca conocí los límites porque cuando una es niña quince surcos ya es alejarse demasiado. Él se ahorraba la cosecha: el cliente pagaba el precio acordado y cortaba, con honestidad, la cantidad justa para la negociación.

Como se imaginarán, las calles en casi todas las colonias periféricas olían a hierbas, a frutas y a humedad. Trabajar en una hortaliza era cosa común, pues si no cilantro, en casa se cultivaban tomates o calabazas, se cuidaban higueras o durazneros y antes que pagar por hacerlo, más se recibía un premio en efectivo o en sabor; hoy las cosas se invirtieron.

Hay una tendencia en oferta escolar que anuncia -y cobra- la formación de nuestros niños para el aprecio por la naturaleza, la responsabilidad y el trabajo en equipo; la estrategia novedosa consiste en cultivar una hortaliza en el jardín del plantel. Las colegiaturas entre una escuela sin hortaliza y otra con ella pueden incrementar hasta en un mil por ciento; si mi dinámica como docente no es bastante para ganarme su credibilidad, sí me sustenta la de madre con hijo en edad de estudiar.

No me sorprendió encontrarme escuela que cobre el plus del cultivo, me pasma cuántos padres de familia están dispuestos a pagarlo cuando, simultáneamente con la promoción académico-ecológica, internet está lleno de ideas para cultivar en casa, sea que uno tenga el predio de don Agapito o un departamento de soltero.

El empeño y la humildad que se requieren para cultivar vegetales es una lección de vida que no debería tener mayor precio que el empeño y la humildad misma. Ocupar los padres un poco de su tiempo para hacerlo con los hijos es mucho más barato que la colegiatura, aunque quizá el tema no sea cuestión de dinero, sino de disposición.
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