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Ricardo Torres
Ricardo Torres
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15 Febrero 2019 03:57:00
¡Circo, maroma y teatro!
En menos de 15 días los mexicanos y en especial los coahuilenses hemos conocido del rigor de la justicia mexicana, lo anterior dado que, el pasado día 3 de febrero, Guillermo Padrés abandonó la prisión y sólo tendrá que presentarse ante una autoridad cada 15 días; de igual forma, el 5 de febrero, supimos de la detención, por parte de la Fiscalía General de la Republica, en Puerto Vallarta, Jalisco, del exgobernador interino de Coahuila, Jorge Torres López, a quien le cumplimentaron una orden de detención con fines de extradición, dictada por un juez federal, en auxilio de labores en favor de la Administración para el Control de Drogas (DEA, por sus siglas en inglés) por el presunto delito de lavado de dinero.

Asimismo, apenas hace algunos días se dictó la esperada sentencia en el juicio en contra de Joaquín “El Chapo” Guzmán, también en Estados Unidos. Lo anterior, luego de casi dos semanas en las que el jurado desahogó todas las pruebas presentadas por las partes. “El Chapo” fue encontrado culpable de los 10 cargos que se le imputaban, por lo que recayó sobre él, una condena que lo obligará a pasar el resto de su vida en prisión.

En los tres casos, los familiares de los delincuentes siguen disfrutando de las fortunas que estos hicieron delinquiendo y al amparo de la impunidad, por lo que debemos aceptar que dichas noticias dejaron de ser el escenario ideal en el cual se reivindicaría la idea de impartición de justicia, aquella que entendíamos como que el que infringe la ley tarde o temprano termina castigado, o que quien la hace la paga.

Por desgracia el resultado del análisis de estas capturas es por demás adverso y complejo, ya que la realidad es que a pesar de que los culpables han sido sometidos por la justicia y la ley, también cierto es que, en el mejor de los casos, ha sido un país distinto al nuestro el que ha tenido la iniciativa real de hacerlo, por lo que en nada nos veremos beneficiados, y en el peor, de nada ha servido que la justicia mexicana atrape a quienes se han corrompido para hincharse de dinero.

Es decir que a los ciudadanos, poco o nula gracia nos hace ya la idea de que el Gobierno atrape y castigue a quienes se han servido del pueblo a través de la delincuencia, dado que como ha venido sucediendo, los delincuentes a lo sumo son sometidos al escarnio público, lo que de nada sirve, y es que con las últimas actuaciones del Gobierno mexicano, la idea de justicia ya nada tiene que ver con el resarcimiento de los daños ocasionados por el infractor al pueblo, puesto que jamás se les ha obligado a entregar sus riquezas.

Entonces la gran pregunta es si atrapar y meter a la cárcel a los delincuentes y corruptos realmente es tan necesario como parece ser. La realidad apunta en una dirección distinta, ya que de seguir este esquema, de captura sin castigo, seguirá habiendo personas dispuestas a delinquir, a sabiendas que una vez que compurgue su condena seguirá disfrutando del fruto de sus tropelías, y esto sucederá hasta no darse un verdadero esquema de restricción legal que deje de generar el enorme incentivo económico para la existencia de iguales personajes. O lo que es lo mismo, mientras no se obligue a los condenados a devolver al pueblo lo que le han quitado, la justicia en México nunca pasara de ser circo, maroma y teatro.
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