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Gerardo Hernández
Gerardo Hernández
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08 Octubre 2019 04:05:00
Coahuila indignado
El nombre de Coahuila y el apellido Moreira han resonado en el Palacio Nacional durante las ruedas de prensa de Andrés Manuel López Obrador (AMLO), siempre relacionados con escándalos de corrupción, nepotismo e impunidad. Indignados por las masacres, las desapariciones forzadas, la megadeuda, las empresas fantasma y la ruindad de los dos últimos gobiernos, los coahuilenses claman justicia. El Presidente no puede sustraerse de esa realidad ni del compromiso de castigar a los venales.

Además de conocer el país palmo a palmo, AMLO les toma a diario el pulso a los estados. Los superdelegados son sus ojos y oídos, pero también ellos están bajo escrutinio público. Carlos Lomelí Bolaños, delegado para los programas de bienestar y excandidato al Gobierno de Jalisco en 2018, renunció en julio pasado tras la publicación del reportaje El Emporio Farmacéutico a la Sombra del Súper Delegado Lomelí, elaborado por Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad (MCCI).

Familiares y colaboradores de Lomelí manejan una red de empresas que proveen medicamentos a varios estados y al Gobierno central. “Esas compañías ya han recibido contratos de la actual Administración federal por un monto de más de 164 millones de pesos”. El escándalo deja por de pronto a Lomelí fuera de la próxima sucesión. En los comicios del año pasado, Enrique Alfaro, de Movimiento Ciudadano, obtuvo la gubernatura jalisciense con casi el 40% de los votos; Lomelí, postulado por Morena, captó el 24.7 por ciento.

El superdelegado en Coahuila, Reyes Flores Hurtado, ha bajado de perfil en las últimas semanas, pero es él quien anuncia las visitas de AMLO, ya no el gobernador, como en el pasado. La quinta gira presidencial, el 27 de septiembre, comprendió Matamoros –donde Morena estrenó la alternancia después de 89 años bajo la férula del PRI– y San Buenaventura, como parte de un recorrido nacional por clínicas y hospitales del IMSS, cuyas condiciones son deplorables en la mayoría de los casos. A diferencia de las comitivas imperiales, las de AMLO son reducidas. Los trayectos se cubren por carretera y es Reyes quien acompaña al Presidente, no el senador Armando Guadiana.

El título de supercoordinador, dado a esa nueva figura, no lo es por disponer de presupuestos abultados, al contrario, sino por tener acceso directo al Presidente y por nuclear a las delegaciones en los estados; sobre todo las encargadas del gasto social. En los gobiernos de Vicente Fox y Felipe Calderón, los delegados dependían de la Federación. Peña Nieto les cedió el control a los gobernadores, los cuales nombraron a incondicionales suyos, propensos a la corrupción.

La cercanía de Reyes Flores con AMLO le permite jugar un papel decisivo para responder las demandas de justicia de los coahuilenses por la deuda, las empresas fantasma y otros actos de corrupción. Como exlíder del PAN y militante de Morena, Reyes fue perseguido por los Moreira y sus secuaces. En vez de arredrarse, realizó huelgas de hambre contra el clan y su partido por despojar a Acción Nacional de la alcaldía de Lamadrid en 2010; contra “el fraude electoral del PRI y de Peña Nieto” en la elección de 2012, y frente al Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, para demandar la anulación de los comicios de gobernador de 2017, manipulados por Rubén Moreira en complicidad con el Instituto Electoral de Coahuila. AMLO escucha a Reyes.
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