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Guillermo Robles Ramírez
Guillermo Robles Ramírez
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Licenciado en Comunicación en la Universidad Iberoamericana Plantel Laguna, Posgrado el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey Campus Monterrey, Director General de la Agencia de Noticias SIP, Premio Estatal de Periodismo en el 2011 y 2013 en la categoría Columna de Opinión, reconocimiento de labor periodística de la Unión de Periodistas del Estado de Coahuila, Presea Trayectoria "Antonio Estrada Salazar" 2018

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11 Octubre 2019 04:05:00
¿Comes por necesidad, placer o nervios?
Alguna vez ha escuchado a alguien o se te ha acusado dependiendo el caso; decir, “comes como pajarito... pero cada ratito”, o bien te consideran como un comedor compulsivo desde la infancia por el simple hecho de comer de todo, pero también expresiones picarescas el “comes como niño de hospicio”, expresiones como estas se resumen para indicar algún tipo de trastorno alimenticio.

Cada país tiene su manera de decirlo coloquialmente, por ejemplo, en Cuba para referirse a alguien que come mucho, pero sin necesidad de estar obeso, dicen que eres “bateador”.

Hoy en día al hablar de trastornos alimenticios viene generalmente a la mente casos como la bulimia manifestándose como un gran deseo por comer, seguido de uso de laxantes o la provocación del vómito.

Lo mismo sucede sobre la anorexia en ese intenso deseo de delgadez hasta el punto de llegar a la inanición. Pero en ambos casos existe el deseo de tener ese cuerpo de perfección, aunque en la realidad no existe tal imagen más que la imitación de lo que se ve en los medios masivos como en el cine o el concepto equívoco de lo que es una modelo sea hombre o mujer.

Sin embargo, hay otra enfermedad cuyo padrón de conducta lleva a la persona no a buscar esa perfección, sino a satisfacer ya no una necesidad física, sino una emocional a través de la comida.

Llevarse el alimento a la boca se vuelve una obsesión, aquí ya no se come para vivir, se vive para comer, los pensamientos y las acciones así lo reflejan.

Sin el problema no se genera por una necesidad física, las cuales del mismo van más allá, la dependencia a la comida viene a sustituir ese “algo” que no se ha reconocido y falta por resolver, empero, mientras se acepta que se tiene esta conducta, a corto o largo plazo deja también problemas de salud.

En los últimos años los malos hábitos alimenticios han generado un crecimiento en la obesidad y como consecuencia un incremento en enfermedades relacionadas con ello.

En el caso de los comedores compulsivos, al igual que en otras adicciones, el primer paso es reconocer que existe un problema, después buscar apoyo para resolverlo, además de médicos y psicólogos, existen grupos de ayuda donde participan personas que siguen en recuperación, pero que a través de sus experiencias llegan a ese comedor compulsivo.

Especialistas coahuilenses han observado que este tipo de personas tienen un conflicto para manejar todas las situaciones que son adversas o tienen que ver con alguna problemática, muchas veces real, y otras imaginarias.

Para canalizar las alteraciones de la personalidad, las inconformidades con su aspecto, así como problemas económicos, de salud, familiares o los que se presentan para relacionarse con otros, optan por ingerir alimentos.

Los médicos consideran que cuando tiene una preocupación o algún problema por leve que sea ingieren algún alimento y no lo van registrando. La frecuencia es difícil determinarla porque generalmente no acuden a consulta, por esa razón tiene que ser una labor del médico buscar la forma en que ellos manifiestan su alteración, se presentan a la consulta con otro tipo de enfermedad gastrointestinal, respiratorio, etc.

Bajar de peso quizás sea lo más fácil para los comedores compulsivos, pero lo importante y por ello lo más difícil es trabajar la parte emocional y espiritual, un ejemplo es la estadística que de acuerdo a estimaciones establece que el dos por ciento de los que llegan logran su objetivo.

Al igual que para recuperarse de otras adicciones, se requiere honestidad con uno mismo, mente abierta y disposición, pero, sobre todo, aceptar que se tiene un problema y que de su interior surja el deseo por controlarlo.

No hay una receta o un método que augure un éxito, tampoco hay un plazo en que garantice que se dejará de comer compulsivamente o que no habrá otro atracón. (Premio Estatal de Periodismo 2011 y 2013, Presea Trayectoria Antonio Estrada Salazar 2018) http://www.intersip.org

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