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Eduardo Brizio
Eduardo Brizio
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El ex árbitro profesional conoce el comportamiento del futbolista dentro y fuera del campo de juego. Gusta de escribir de forma amena las innumerables anécdotas que su paso por el futbol profesional le ha dejado, claro, sin dejar a un lado la crítica y el comentario puntual cuando un tema polémico está en el aire. Siempre va en favor de la libertad de palabra y acción. Correo Electrónico: [email protected]

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20 Septiembre 2010 03:25:31
Como los futbolistas
En un futbol altamente comercializado, no es extraño que los jugadores no tengan identidad y cambien de equipo como de calzones. Tal es el caso de Carlos Ochoa, figura de la semana, al haberle endilgado tres pepinillos a sus ex compañeros de las Chivas Rayadas del Guadalajara.

A ese paso, Carlitos resultaría sin duda el campeón de goleo; digo, si en “venganza” le metiera tres goles a cada uno de los equipos en que ha militado, cuando se enfrentara contra ellos.

Porque mire usted, debutó en el Necaxa; luego se fue a Tigres. Cruzó “el charco” para enrolarse en el Osasuna de Pamplona del balompié español. Regresó al terruño querido de nuevo con Tigres; para pronto, emigrar al Gallos Blancos de Querétaro. Después se fue con Jaguares, en una primera y fructífera etapa bajo la batuta del Flaco Tena. Luego se enfundó en la casaca de los Rayados de Monterrey; de ahí pasó a defender la del Rebaño Sagrado, para que tras una escala en La Laguna, contratado por el Santos de Torreón, regresara con los chiapanecos. Y esto viene a cuenta, en virtud de que, curiosamente, durante la recientemente celebrada fecha 8 del Torneo Apertura 2010 en el futbol mexicano, muchos jugadores otrora emblemáticos para sus equipos, por esas cosas de que poderoso caballero es don dinero, se vieron “obligados” a emigrar a otro club.

En uno de los partidos que más llamaban la atención, el charrúa Vicente Sánchez, ahora vestido de azulcrema, visitó La Bombonera de Toluca, escenario de brillantes actuaciones. Salvo que algunos aficionados le gritaron “vendido, vendido”, recibió una cálida recepción por parte de sus ex compañeros, ante lo cual correspondió teniendo un paupérrimo desempeño.

Del mismo modo, Federico Vilar, en su momento icono de los “prietitos” del Atlante, visitó Cancún, ahora como purépecha, para ser homenajeado y llevarse dos tantos en contra, lo que significó la derrota de su nuevo equipo. En donde el diablo metió la cola; mejor dicho, se interpuso la naturaleza, fue en la tres veces heroica Veracruz, cuando los Tiburones Rojos se aprestaban a recibir a los Freseros del Irapuato, en donde ahora milita Cuauhtémoc Blanco, quien se fue del puerto, dejando a los aficionados que lo idolatraban, con un palmo de narices; pero el huracán Karl se encargó de evitarlo.

La expresión: “se fue como las sirvientas”, que se utiliza en forma peyorativa cuando alguien se marcha sin decir ni agua va; me parece que sería mucho más descriptiva si se dijera: “se fue... como los futbolistas”.

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