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Salvador García Soto
Salvador García Soto
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Salvador García Soto es periodista. Nació en Guadalajara Jalisco, donde cursó la licenciatura en Ciencias y Técnicas de la Comunicación en la Universidad del Valle de Atemajac. En Guadalajara colaboró en varios medios locales y en oficinas de los gobiernos estatal y federal. Fue reportero de la fuente política en El Heraldo de México y en el diario La Crónica de Hoy. Desde 1998 escribe la columna política Serpientes y Escaleras que se ha publicado en los periódicos La Crónica, El Independiente y actualmente en el Universal Gráfico. Fue director general de Crónica y ha colaborado en revistas como Vértigo y Cambio. Durante dos años fue conductor del programa Cambio y Poder que se transmite por Cadena Raza y desde noviembre 2003 colabora en W Radio como comentarista del noticiario Hoy por Hoy tercera emisión y en el programa El Weso.

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29 Junio 2019 04:02:00
¿Cómo pasamos de la crisis migratoria a la crisis humanitaria?
La crisis de la migración masiva e indocumentada desde Centroamérica, la misma que hoy tiene a México contra la pared y sometido a enormes presiones en su relación con Estados Unidos, amenaza con desbordarse y generar una crisis humanitaria en el país. El origen de la incómoda posición que hoy juega México en este conflicto regional entre Centro y Norteamérica, se remonta más o menos a octubre, cuando se registraron las primeras caravanas de migrantes hondureños y guatemaltecos que vieron en la desordenada y caótica frontera sur mexicana una puerta de entrada hacia el ansiado “sueño americano”. Por esas fechas en México había dos presidentes en funciones, el que se iba, que ya no gobernaba ni tomaba decisiones, Enrique Peña Nieto, y el electo que llegaba, Andrés Manuel López Obrador, que ya dictaba la agenda, anunciaba políticas y hasta asumía ya parte de la negociación bilateral con el Gobierno de Donald Trump, en el marco del nuevo Tratado de Libre Comercio. Dos figuras del futuro Gabinete electo, Marcelo Ebrard y Jesús Seade, participaban en las definiciones de los términos del nuevo T-MEC, aún coordinados con el equipo negociador del Gobierno saliente y que lideraban Luis Videgaray e Ildefonso Guajardo. Hubo entre octubre y noviembre de 2018, un hecho clave: la negativa tajante del Presidente electo, a que en el nuevo T-MEC se incluyera un capítulo relativo al sector energético, ya aceptado por el Gobierno de Peña Nieto. El equipo de AMLO se opuso al tema en el tratado y la tensión estuvo a punto de romperlo, según reveló el jueves el ahora Presidente: “Se rompieron las pláticas. Insistió el Gobierno de entonces (Peña Nieto), insistieron todos en que aceptáramos y dijimos: eso no. Estamos de acuerdo en todo, pero ese capítulo no”, comentó. Luego detalló cómo se resolvió el tema cuando Trump “aceptó nuestra propuesta”, y el citado capítulo energético quedó solo en dos párrafos que dicen que México es libre y soberano de sus recursos naturales, en particular en el sector energético y especialmente en el petróleo. “Por eso le tengo consideraciones y respeto al presidente Donald Trump. Ya cuando estaba a punto de darse a conocer, y todo esto se manejó en sigilo, que no se iba a llegar a un acuerdo por ese tema, él, Trump, aceptó nuestra propuesta”, agregó el Presidente. Lo que no explicó es cuál fue “nuestra propuesta” que Trump aceptó; y ahí entran las versiones cada vez más claras de que Trump y sus halcones eliminaron el capítulo energético del T-MEC a cambio de que México aceptara “colaborar en materia de migración”. Colaboración que sería exigida al presidente electo antes de tomar posesión del cargo.

El tenso encuentro de Miami y el “Acuerdo de California”

Para enero del 2019, recién llegado el Gobierno de AMLO, Trump comenzó a cobrar el favor del capítulo energético. El 19 de enero, Jorge Alcocer, coordinador de asesores de la secretaria Olga Sánchez Cordero, recibió la primera “petición de colaboración” de James McCament, subsecretario de Estrategia del Departamento de Seguridad Interior. McCament exigió que México recibiera a todos los indocumentados deportados de EU en las garitas porque la nueva Administración, con su política “de puertas abiertas y visas” provocó que se disparara la migración ilegal de Centroamérica. Alcocer rechazó la propuesta y el Gobierno mexicano solo aceptó recibir al día a 20 migrantes deportados con visa mexicana y en Tijuana. Pero ante el enojo de Trump, que quería más “colaboración” mexicana, se realizó un encuentro de “emergencia” entre la secretaria de Seguridad Interior, Kirjsten Nielsen, y la titular de Gobernación, Sánchez Cordero. El 28 de febrero, en Miami, las secretarias llegaron con algunos de sus asesores al encuentro y, apenas sentándose en la mesa, Nielsen soltó: “Queremos que cumplan el acuerdo que hicieron” y aceptar la apertura inmediata de 11 puntos en la frontera mexicana para recibir migrantes deportados, a donde se enviaría una cifra gradual hasta llegar a 200 deportados diarios. “Es lo que ustedes aceptaron en California y exigimos que se cumpla”, dijo tajante Nielsen, que amagaba con el cierre de la frontera. Olga Sánchez, el entonces director del Instituto Nacional de Migración, Tonatiuh Guillén, y Jorge Alcocer, negaron que ese acuerdo haya sido suscrito por el Gobierno de México. La tensión llegó a tal punto que acordaron un receso para hacer “consultas”. Ya en el diálogo informal un funcionario estadunidense le dio a la delegación mexicana más detalles de lo que ellos llamaban el “Acuerdo de California”: resultó que en las negociaciones del T-MEC, entre octubre y noviembre, el negociador mexicano, Marcelo Ebrard, se entrevistó en California con Mike Pompeo y sus asesores que ahí plantearon, según la fuente estadunidense, la aceptación de México a recibir a los migrantes deportados y a instalar “11 puntos de recepción”. Nielsen presionó tanto, que Olga Sánchez aceptó, previas consultas con Palacio Nacional y el aval de AMLO, la apertura de otros dos puntos de recepción en Mexicali y Ciudad Juárez, que se sumaban a Tijuana para aceptar 20 deportados diarios, con el compromiso de aumentar de 10 en 10, hasta alcanzar 9 mil deportaciones con visas humanitarias mexicanas por mes. El Gobierno de México aceptó desde entonces ser el “tercer país seguro”, aunque eufemísticamente justificaron con el cumplimiento de la Ley 235.

El mensaje de Kushner, la amenaza arancelaria y la rendición de Marcelo

A partir de ahí el Gobierno de López Obrador estuvo de rodillas ante Trump. Y cuando a este no le convenció el esfuerzo de México, mandó a su yerno, Jared Kushner, a reunirse en privado con López Obrador. En la casa del empresario de Televisa, Bernardo Gómez, en aquella cena del 19 de marzo, Kushner, llegó con el encargado de la embajada de EU en México, John Creamer, reiteró la “enorme molestia del presidente Trump” por los incumplimientos en materia migratoria. “Si no hacen algo urgente para detener a los centroamericanos, no solo cerrara la frontera, sino que no habrá T-MEC”. Fue entonces que AMLO decidió meter al canciller Ebrard a “supervisar” el tema migratorio y ahí comenzó el desplazamiento de Sánchez Cordero, quien se oponía a endurecer las políticas contra los centroamericanos y a que México recibiera más migrantes de EU. El 8 de abril, Trump corrió de su gabinete a Nielsen, por considerar que no era lo suficientemente dura con México. Las cifras de centroamericanos cruzando México y llegando hasta la frontera con EU siguieron creciendo, igual que su molestia por “la incapacidad de México”. En la Casa Blanca estaban tan enojados, que Pompeo dejó plantado a Ebrard cuando lo visitó en Washington el 22 de mayo. Pompeo argumentó “una reunión de última hora con Trump” y el canciller fue recibido por un subsecretario que aceptó, solo por trámite, una copia del Plan de Desarrollo Integral para Centroamérica. El 1 de junio vino la amenaza de los aranceles del 5% a las exportaciones mexicanas. López Obrador entró en pánico y al enviar a Ebrard “a negociar” a Washington sabía que solo iba a firmar lo que le pidieran y aceptar, por escrito, los acuerdos que hizo en California en noviembre. El Gobierno de AMLO aceptó ya, en los hechos, convertirse en el “tercer país seguro” de EU, además de militarizar las fronteras y detener migrantes para que no molesten a Trump. Y lo hizo a cambio de nada. Al menos Turquía cuando aceptó ser “tercer país seguro” de Europa exigió 6 mil millones de euros para atender a los migrantes, y ni siquiera con eso ha podido evitar que el tema lo rebase. ¿Cuánto aguantará México, al que ni siquiera le dieron ayuda económica de Washington hasta que la crisis migratoria explote y se produzca una tragedia humanitaria?

Los dados mandan serpiente.
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