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Macario Schettino
Macario Schettino
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Doctor en Administración, candidato a doctor en Historia. Es profesor en la división de Humanidades y Ciencias Sociales del Tecnológico de Monterrey. Ha publicado 15 libros, el más reciente: "Cien años de Confusión. México en el siglo XX", con Taurus. Su columna consiste en análisis sencillos de fenómenos económicos y financieros.

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28 Mayo 2010 03:38:35
Competir por el futuro
El jueves pasado se publicó en ScienceExpress un artículo firmado por 24 investigadores, encabezados por Craig J. Venter y Hamilton Smith, en el que se describe un evento de la mayor importancia. Se logró construir, así como suena, una bacteria artificial. El equipo científico fue capaz de construir una secuencia de DNA de más de un millón de bases y sustituir, por completo, el DNA original de una bacteria. Es una célula artificial, diseñada por computadora, construida por seres humanos.

Cabe recordar que Craig Venter es una figura de la mayor importancia en algo que no es exactamente ciencia ni tecnología, sino ambas. Venter y Smith lograron secuenciar el genoma de la bacteria Haemophylus influenzae en 1995, y fue Craig Venter quien obligó al gobierno estadounidense a invertir en serio en la secuenciación del genoma humano. La idea de Venter era utilizar una técnica no muy aceptada por otros científicos (expressed sequence tags). Cuando los institutos nacionales de salud estadounidenses bloquearon esta posibilidad, Venter creó una empresa propia (Celera Genomics), consiguió financiamiento privado, y retó al mundo diciendo que él y su equipo lograrían la secuenciación del genoma humano antes que los demás. Finalmente el gobierno estadounidense logró convencer a Venter (y a otros gobiernos) para que éste fuese un proyecto único internacional, que logró su objetivo en 2003.

Por otra parte, este miércoles Apple superó en valor a Microsoft, al menos por unos momentos, por primera vez en la historia. Apple vale 227 mil millones de dólares (25% del PIB de México, nada más como referencia). A diferencia de Microsoft, una gran empresa construida sobre un software más bien mediano, Apple ha logrado construir un portafolio de productos muy diverso, con un diseño de muy alto nivel, y ha cambiado con ellos la vida de millones de personas. Especialmente con el iPod y su software asociado iTunes, que ha redefinido el mercado de la música.

El factor de producción que genera más valor agregado es la información. Una secuencia de ceros y unos está detrás de la música que escuchamos en iPods y las películas que vemos en iPads. Una secuencia de ceros y unos está detrás de la primera célula artificial.

La velocidad del cambio debería sorprendernos. Si bien el conocimiento es el elemento clave en la forma en que Europa se convirtió en el continente exitoso a partir del siglo XVI, no cabe duda que hay momentos de gran aceleración: en el siglo XIX en los transportes, en el siglo XX en la electrónica, y desde los años 80 el conocimiento genera ya más valor que cualquier otra cosa: trabajo, capital, lo que usted guste.

Para competir por el futuro, es necesario competir por la creación de conocimiento. México no puede hacerlo, no tanto porque no invirtamos en ciencia y tecnología, sino porque no invertimos en educación básica de manera adecuada. Muchos, sobre todo los investigadores, quieren un mayor gasto en la parte final de la creación de conocimiento: educación superior, investigación, etc. Pero no es ahí en donde estamos fallando seriamente, sino en la secundaria. De poco nos serviría incrementar el gasto en un lugar al que ya prácticamente no llega nadie. México logra producir menos de 10 mil jóvenes capaces cada año (de entre 1.8 millones) al salir de secundaria.

Independientemente de muchas otras cosas, me parece que deberíamos tomar una decisión urgente para elevar el número de potenciales investigadores (a los que eventualmente habrá que dotar de recursos abundantes). Esta decisión consiste en abrir la oportunidad a los niños mejor evaluados al final de la primaria para dedicarse a estudiar en serio. Esto significa establecer un grupo de escuelas de excelencia, a la que sólo tendrían acceso los niños mejor evaluados, en las que se utilizarían las mejores prácticas que tenemos (por ejemplo, las de la Secundaria Anexa a la Normal: más tiempo, más atención, más involucramiento de los padres). Podríamos, con un poco de esfuerzo, dedicar 3 mil escuelas a este proyecto, captando 100 mil estudiantes.

En seis años, estos niños, habiendo escapado al poder destructor del sistema educativo actual, transformarán las universidades. En 10, estaremos llenando posgrados en el mundo. En 20, México podrá por fin empezar a competir. Es un proyecto que puede transformar a México, que no debe costar mucho y que puede atraer capital privado con facilidad. Pero sólo si queremos competir por el futuro, claro.

http://www.macario.com.mx twitter: @mschetti

Profesor de Humanidades del ITESM-CCM
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