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Cholyn Garza
Cholyn Garza
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Cholyn Garza nació en Veracruz. Radica en Piedras Negras, Coahuila desde 1961. Es licenciada en Desarrollo Humano y Diplomada en Derechos Humanos. Se inició profesionalmente en el periodismo en 1995 en el Periódico Zócalo de Piedras Negras. Le preocupa la problemática social y le apasionan los temás políticos.

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03 Agosto 2019 04:00:00
¿Con qué juegan los niños?
La historia se repite una y otra vez. En la actualidad es común ver a los niños jugando en su tableta, a los jóvenes “platicando” con sus grupos o bien, a una familia completa checando su celular sin importar el lugar donde se encuentre.

Los niños, con una facilidad asombrosa toman en sus manos los aparatos y le pican para encontrar lo que desean. Es la tecnología moderna que día a día avanza a pasos agigantados y cuando un adulto le va “agarrando la onda”, sobre todo los abuelos, ya llegó algo nuevo.

Son los nietos, aUn los más pequeñitos, quienes nos ayudan a descubrir las “novedades” que existen en el mundo.

Sin embargo, no todo es perfecto ni se están ofreciendo las mejores condiciones para el desarrollo del niño.

Para algunos jóvenes, los padres y ni qué decir, los abuelos, pertenecemos a una generación que “nada” tiene que ver con la tecnología, con todos los descubrimientos “que modernos”. En parte tienen razón. Pertenecemos a otra época, donde aprendimos a través de la observación a desarrollar nuestra creatividad.

En los hogares, no importaba si no había juguetes caros, pero sí había niños felices. Niños que en la escuela o en el hogar jugaban con lo que se tuviera a la mano. Las niñas se entretenían con sus matatenas o yakis; la cuerda no podía faltar, era un magnífico ejercicio.

Se jugaba al “avión”, que eran cuadros dibujados con gis en el piso. También, niñas jugando con muñequitas de cartón que modificaba su vestuario las veces que su dueña quisiera.

Los niños, jugaban con las canicas, con sus carritos o sus barquitos de papel que colocaban en bandejas con agua o en los charcos que se formaban en la calle cuando llovía. Competencias con el trompo.

¡Qué tiempos aquellos! Donde la mayor preocupación de los niños era estudiar y jugar. Qué diferencia del ayer al hoy. Juegos sencillos pero que alegraron la infancia de muchos pequeños y jovencitos, convertidos con el tiempo en profesionistas, en personas de bien.

No recuerdo haber escuchado que un niño se suicidara porque no obtuvo el juguete deseado. No todos los padres podían comprar juguetes caros, sobre todo cuando tenían varios hijos; sin embargo, los juguetes se compartían y todos contentos.

En esta época de adelantos tecnológicos ¿Cuántos casos de suicidios en menores de edad se han dado? ¿Cuántos se conocen?

El vídeo de un jovencito que se baja del carro y se tira de un puente, es un caso más en la cadena de suicidios en niños o jóvenes.

¿Causa probable? La decisión tomada por la mamá del jovencito de quitarle el celular. ¿Razones? No las sabemos a ciencia cierta, pero no es para tomarlo como un caso aislado.

La tecnología, es cierto, ha venido a revolucionar a la humanidad; nadie lo discute. Con los aparatos modernos, llámense celulares, tabletas, por ejemplo, nos mantenemos en contacto con otras personas. La noticia corre con extraordinaria rapidez y nos resulta fascinante estar en un lado y recibir comunicación de otro lugar, no importa lo lejano que esté.

Estamos comunicados, aunque no todo lo que nos llega corresponde a la realidad. No hay que olvidar que la maldad existe, por lo tanto, hay personas que no son buenas y de ellas hay que alejarnos.

El manejo de la tecnología tiene su lado obscuro; porque no todo lo que llega a los hogares y a nuestros niños y jóvenes es manejado con honestidad y con buenas intenciones. El riesgo está siempre presente y no respeta edades.

Debemos tomar en consideración que los niños y jóvenes de hoy se conectan en las redes, en donde aparentemente están sus “amigos”. En esas redes son atrapados en ocasiones por adultos perversos cuya imagen dista mucho de la realidad porque ocultan su verdadera personalidad.

Interactúan y enfrentan retos que otros les imponen, los que aceptan al considerarlos un juego más en su lista de diversiones.

De una generación de niños felices en su mayoría, pasamos muy lamentablemente a otra, quizás la de niños muy adelantados en tecnología, pero algunos con gran inestabilidad emocional donde la frustración y el enojo llegan a aflorar, pudiendo enfocar esos sentimientos negativos en agredir a otros o también como medida drástica optar por el suicidio.

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