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Sergio Sarmiento
Sergio Sarmiento
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Empezó su carrera profesional en la revista Siempre! a los 17 años, cuando era todavía estudiante de preparatoria. Obtuvo la licenciatura en filosofía con honores de la Universidad York de Toronto, Canadá. A los 22 años entró a trabajar como redactor en Encyclopaedia Británica Publishers, Inc. y dos años más tarde fue nombrado director editorial de las obras en español de la empresa.

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23 Agosto 2019 04:00:00
Con todo respeto
“Ellos se lanzan fuerte a veces también. Entonces, decirles ternuritas no es ningún problema, o sea, es de cariñito, un cariñito nada más”. Andrés Manuel López Obrador, 27.02.19

Los periodistas que cubren al presidente López Obrador saben ya que la expresión “Con todo respeto…” abre las puertas al caudal de descalificaciones con las que el Mandatario cubre a todos aquellos que percibe como enemigos o críticos.

Así, con todos respeto, los consejeros del INE son floreros que nunca hicieron nada para impedir los fraudes electorales, todos los funcionarios de gobiernos anteriores son corruptos y no tienen llenadera, la prensa es fifí, los empresarios son conservadores y no quieren dejar de robar, los funcionarios que renuncian a su gobierno son neoliberales, los defensores de las instituciones son neoporfiristas, los intelectuales son ternuritas, los economistas críticos y las calificadoras no tienen autoridad moral, los periodistas que no se ajustan a su línea son hipócritas, deshonestos o calumniadores y los críticos en general son zopilotes.

Nunca hemos tenido un presidente tan creativo y tan prolijo en el uso de
descalificaciones, ni siquiera Vicente Fox, quien dejó de referirse a sus rivales como tepocatas, alimañas y víboras prietas cuando asumió la Presidencia de la República.

La técnica le ha funcionado al Presidente hasta ahora. Una de las razones que lo llevaron al triunfo electoral en una sociedad cansada de la clase política fue su cantaleta contra los otros candidatos y contra los políticos de gobiernos anteriores, que eran todos camajanes, canallines, de derecha, espurios, fichitas, hampones, ladrones, maiceados, malandrines, mañosos, oportunistas, rufianes, pillos, piltrafas morales, pirrurris, reaccionarios, simuladores, tecnócratas, títeres y traficantes de influencias. Ya como Mandatario, ha mantenido su popularidad en parte por el público de sus mañaneras y por las descalificaciones constantes a todos los que ve como rivales de su poder.

Lo curioso es que el Presidente entiende la necesidad de unir a los mexicanos. En distintas ocasiones ha hecho llamados para ello. El 2 de junio, en medio de la disputa con el gobierno de Donald Trump, declaró: “Creo que va a ayudar mucho que los mexicanos nos unamos, que haya unidad nacional, que todos, independientemente de posiciones políticas, ideológicas, de corrientes de pensamiento, defendamos a México”.

El llamado a la unidad es una constante en México y en cualquier lugar del mundo para un jefe de gobierno. Las oposiciones viven y prosperan en la crítica, los gobiernos en la unidad. Todos los gobernantes que he conocido, y no solo en México sino en el mundo, hacen llamados a la unidad en los momentos de crisis, independientemente de la opinión que puedan tener de sus oposiciones.

La pregunta es si López Obrador puede pedir unidad cuando descalifica de manera sistemática a todos los que no están de acuerdo con él. Su temperamento intolerante, y su creatividad en el uso de adjetivos descalificativos, generan una animadversión creciente entre grupos importantes de la sociedad. Esto no beneficia a nadie.

El Presidente está convencido de que sigue en campaña. Y quizá lo está. Pero México se merece tener a un Presidente para todos los mexicanos, uno que no se burle de las oposiciones ni de quienes piensan de forma diferente a él. Con todo respeto, señor Presidente, quisiera pedirle que asuma ese papel unificador que nos permitirá llegar a mejores acuerdos para cumplir con su sueño y el nuestro de construir un país más próspero y más justo.

Pintas
El grupo Restauradoras con Glitter ha pedido que se dejen las pintas del Angel de la Independencia como “recordatorio palpable de la condenable situación de violencia en nuestro país”. Habría pues que pintarrajear todos los monumentos históricos y las obras de arte en México.
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