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María del Carmen Maqueo Garza
María del Carmen Maqueo Garza
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Coahuilense, médico pediatra, apasionada de la palabra escrita. Desde 1975 ha sido columnista en diversos periódicos regionales. Bloguera a partir del 2010. Participa activamente en el Taller literario “Palabras al viento”. Tiene varios libros publicados. Inquieta por la problemática social, en particular la relativa a nuestros niños y jóvenes. Sus colaboraciones invitan a asumir que la resolución de esos problemas es tarea común para todos. Su blog: https://contraluzcoah.blogspot.com/

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23 Febrero 2020 03:30:00
Condenas ociosas
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Para desgracia de nuestro amado México, la realidad de la violencia ha crecido. Cambian escenarios, criminales y víctimas, pero nada más. Ahora fueron dos niñas, una raptada y violentada de manera cruel. La otra fallecida de forma accidental, cuyo cuerpo fue abandonado por su propia madre. Detrás de estos casos hay elementos que la educación puede modificar. Delante estamos nosotros con nuestro bagaje de reacciones, comentarios y juicios. Hacia estos puntos habría que enfocarnos.

Nuestra cultura ha sido de las medias verdades, tanto dentro de la familia como en los centros laborales y en cualquier otra interacción social. Percibimos una situación desde la realidad que nos es propia, y justo desde nuestra perspectiva muy personal, formulamos un juicio: señalamos –según nuestro parecer– cómo se hicieron las cosas, y cómo debieron haberse hecho. Lo comunicamos a nuestros cercanos y se genera un rumor que comienza a rodar como estepicursor por el desierto: al rato nadie sabe de dónde vino ese dicho que para entonces resulta incontrolable. En los últimos tiempos, a la par del rumor anónimo, surge la andanada masiva, en particular en redes sociales. Esto es, frente a una situación que nos incomoda, nos volcamos en expresiones de rechazo que llegan a los improperios, animados al percibir que otros muchos, al igual que nosotros, manifiestan un parecer similar. Linchamos verbalmente a quien sea el autor de tales hechos, tras lo cual sentimos que hemos cumplido con la vida.

El asunto es precisamente invertir tanto tiempo y energía en acciones ociosas, mientras dejamos de trabajar con eficiencia para buscar una solución real al problema. Respecto a la violencia, pedimos algo más que la pena de muerte, si es que lo hubiere, para la pareja que atacó a la pequeña Fátima hasta terminar con su vida. No nos detenemos por un momento a analizar qué precipitó esa forma de actuar, y qué puede hacerse para evitar que otras pequeñas corran un riesgo similar. Tal pareciera que vemos el árbol y no el bosque; partimos desde nuestra perspectiva muy personal con un pensamiento que se estructura más o menos así: “Puesto que yo no haría algo parecido a una niña, los demás tampoco deberían”.

Una reflexión tan absurda como inútil, puesto que cada ser humano es el resultado de diversas circunstancias que convergen en su persona, en su forma de actuar y en su manera de respetar o no, los derechos de otros.

Un elemento que campea en nuestros patrones de comportamiento es el narcisismo. Las mismas condiciones externas y el aislamiento social al que estamos sometidos en mayor o menor grado, nos llevan a querer interpretar el mundo de acuerdo con nuestro muy personal punto de vista. Por ello mismo establecemos expectativas respecto a la conducta de los demás, calculando qué tanto se asemeja este al comportamiento propio.

Si  soy líder dentro de una comunidad, mientras yo no entienda de fondo qué elementos propician determinada forma de comportamiento en otros, no estaré en condiciones de plantear estrategias para modificar las cosas.

En tanto sigamos actuando a través de medias verdades, rumores o ataques masivos desde el anonimato, poco se logrará. Para un cambio de fondo es necesario ser claros y directos al señalar. Con miras a lograrlo, habrá que informarnos, romper el cascarón del egocentrismo, salir a conocer otras realidades, que no por distintas dejan de ser válidas. Lo último que funcionaría para una sociedad es que todos fuéramos iguales. Es la variedad lo que sustenta el enriquecimiento cultural.

Esta semana fueron Fátima y Karol. La próxima serán otras distintas. Mientras no salgamos del pasmo para actuar, cuidando evitar el linchamiento ocioso, seguiremos rompiendo récord de violencia. Así poco o nada se logra para ese cambio que tanto nos urge a los mexicanos.



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