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José Guadalupe Robledo Guerrero
José Guadalupe Robledo Guerrero
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12 Abril 2020 04:09:00
Conflictos internos y Covid 19
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México está por entrar en la fase 3 de la pandemia del coronavirus, la que es considerada como de máximo contagio; es la fase que mayormente preocupa a las autoridades porque es la de mayor mortalidad y riesgo por el número de contagiados y por la saturación de los servicios de salud. Aun así, parece que no se ha entendido la gravedad de la situación, porque prevalece la desobediencia de buena parte de los mexicanos que no atienden las indicaciones de quedarse en casa para evitar más contagios.

La epidemia arribó a nuestro país en momentos de división social, la que ha sido promovida desde hace 14 años principalmente por Andrés Manuel López Obrador que continúa en campaña desde la presidencia, y hasta la fecha no termina. Estos son tiempos de unidad y participación nacional, pero el Presidente lo ignora, dedicándose a acusar y a enfrentar las opiniones críticas de quienes no están de acuerdo con sus decisiones, visiones y proyectos.

El 5 de abril, el Presidente prometió que daría a conocer su plan de reactivación económica, pero no lo hizo. El discurso presidencial solo fue un recuento de sus programas sociales y de su creencia de que México vencerá la pandemia, pero no dijo a qué costo. El Covid-19 llegó a México a poner a prueba nuestra débil y olvidada estructura de salud. Cuando el IMSS, el ISSSTE y todos los hospitales públicos se encuentran sin medicamentos, sin camas, respiradores, protocolos ni pruebas suficientes, y sin los insumos necesarios para enfrentar al coronavirus. Todo esto es lo que han reclamado los profesionales de la salud en todo el país. Lo cierto es que hasta ahora, a unos días de la fase 3, apenas se están comprando ventiladores.

Pero eso no es todo, el Presidente ha entrado en una dinámica de enfrentamiento con los sectores empresariales, politizando la crisis sanitaria y la reactivación económica. Por ejemplo, hace días –luego de la última plática con el Presidente– el sumiso y lambiscón dirigente del Consejo Coordinador Empresarial, Carlos Salazar, a una pregunta de la prensa respondió: “Nos cerraron las puertas de Palacio Nacional”. La declaración solo daba a conocer que no se habían escuchados los planteamientos del sector empresarial, pero López Obrador en respuesta, le pidió que le ayudará a cobrar a las empresas deudoras al fisco, pero no mencionó quiénes eran. Solo los rijosos supieron de lo que se trataba.

Ante estas desavenencias, hay muchos mexicanos que piensan que algo de razón tienen los empresarios que piden que se posponga –no que se condone– el pago de impuestos y contribuciones para mantener los empleos y las empresas, a fin de reactivar la economía del país, después de que pase la pandemia. Y al igual que Salinas de Gortari, López Obrador ni los vió ni los escuchó, pero presumió el apoyo a su Gobierno de Slim, Bailleres y Larrea.

El enfrentamiento ya originó la fuga de capitales. La última cifra sobre la huida del dinero a Estados Unidos, fue de 78 mil millones de dólares. Y si agregamos la sensible baja de los precios del petróleo y la depreciación del peso, la situación se torna preocupante, más aún cuando se informa que en un mes que tiene el coronavirus en México, del 13 de marzo a la fecha, se han perdido 346 mil empleos, más de los que se crearon en 2019.

Lo cierto es, que la política y la ideología de ambos bandos están poniendo en riesgo no solo el combate contra el Covid-19, sino la viabilidad económica del país, y eso pone en riesgo el futuro inmediato de México. Por eso, bien harían los pleitistas en ponerse de acuerdo, de lo contrario se vislumbran días de penurias para los mexicanos…
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