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Voces de la Región
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08 Febrero 2016 05:00:18
¿Confrontación entre Hacienda y Banxico?
Vaya sorpresa causaron las declaraciones vertidas el pasado viernes por Agustín Carstens, durante una conferencia impartida en la Universidad Panamericana. El gobernador el Banco de México señaló que, de no ajustarse el gasto público, tendrían que apretarse las condiciones monetarias (léase aumentar tasa de interés).

La sorpresa en estas palabras es que tal parece que el banco central mexicano está marcando los tiempos a la Secretaría de Hacienda en cuanto al manejo de la política fiscal.

Algo totalmente opuesto a lo que venía sucediendo hasta hace poco -también erróneamente-, cuando declaraciones de diferentes funcionarios de Hacienda daban a entender el tipo de acciones que deberían ejecutarse en materia monetaria, atribución exclusiva del Banxico, así como en el tema cambiario, función que ejercen conjuntamente ambas instancias a través de la Comisión de Cambios.

Sin embargo, esta historia inició un día antes. El jueves 4 de febrero, tras la decisión de la Junta de Gobierno de mantener inalterada la tasa de referencia en 3.25%, el Banco de México emitió el tradicional comunicado de prensa en el cual señaló lo siguiente:

“Por ello es fundamental mantener un marco macroeconómico sólido en nuestro país, para lo cual será necesario llevar a cabo los ajustes requeridos en las finanzas públicas, incluyendo a Pemex, para absorber el choque a los ingresos públicos que ha representado la caída y el deterioro de las perspectivas del precio del petróleo;…”.

Nadie duda de la fortaleza de los argumentos que se plantean, desde el nivel de endeudamiento público, que ha crecido rápidamente, hasta la situación particular de Pemex, de la que ya mucho expertos coinciden en que, tal y como están las cosas, ya sería más rentable para el país dejar que quiebre a que siga operando con semejantes pérdidas y capital contable negativo.

O ya de perdido, una reingeniería total de la paraestatal, en la que se desincorporen ciertas actividades y subsidiarias, las cuales representan un lastre para las finanzas públicas.

Pero lo que llama la atención es la advertencia en el sentido de que, de no corregirse estas circunstancias, el banco central no dudará en subir la tasa de interés.

Lo anterior presionaría aún más la ya complicada situación de las finanzas públicas y de la actividad económica. Vendría a encarecer el costo de endeudamiento interno del Gobierno, y a ponerle un freno a la actividad económica. En materia cambiaria el impacto sería mínimo, dándole cierto respiro al peso.

Un apretón monetario -y por ahí puede venir la explicación- fortalecería ligeramente al peso y con ello las intervenciones de la Comisión de Cambios serían menores en el mercado, lo que se traduciría en menores subastas de dólares y menores ingresos al Gobierno federal por dichas ganancias cambiarias (remanentes de operación del Banco de México).

Si es así, entonces el mensaje del Banxico a Hacienda sería: primero preocúpate por ajustar tu gasto y luego hablamos de los remanentes de operación.

Pero más extraña resulta la advertencia de Carstens, cuando estamos en medio del ciclo de normalización de tasas de la Reserva Federal, en el cual, quieran o no, Banxico tendrá que asumir una postura acomodaticia e ir a la par en las alzas.

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