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María del Carmen Maqueo Garza
María del Carmen Maqueo Garza
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Coahuilense, médico pediatra, apasionada de la palabra escrita. Desde 1975 ha sido columnista en diversos periódicos regionales. Bloguera a partir del 2010. Participa activamente en el Taller literario “Palabras al viento”. Tiene varios libros publicados. Inquieta por la problemática social, en particular la relativa a nuestros niños y jóvenes. Sus colaboraciones invitan a asumir que la resolución de esos problemas es tarea común para todos. Su blog: https://contraluzcoah.blogspot.com/

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20 Enero 2019 04:00:00
Congruencia
Alfonso Cuarón menciona que su cinta Roma fue en buena parte inspirada por su nana Libo. Ello me llevó a evocar a la mía (Mila), personaje que ha aparecido en varios de mis textos. Salvo escasos exabruptos, fue una mujer muy feliz que a su vez me enseñó a serlo. De ella aprendí a hallar la vida divertida, digna de una sonora carcajada. Entre cantos y risas la mujer en sus cincuentas fue muchas veces la cómplice de mis travesuras de niña, de sus labios aprendí canciones de época que a la fecha (a 25 de su muerte) las escucho y me traen de inmediato su rostro moreno con una gran sonrisa, bajo la corona de rizos negros de “la permanente”, como ella llamaba al tratamiento para enchinarse el cabello.

En la casa paterna no estaba prohibido entrar al cuarto de Mila, pero tampoco era aplaudido por mis padres. De alguna manera, sin embargo, me daba mis mañas, como hija única que fui por 10 años, para colarme en su habitación que tenía un catre metálico, un pequeño peinador con espejo, adornado con las infaltables fotografías de Pedro Infante y de Jorge Negrete; una silla, y sobre un improvisado taburete un montón de historietas (prohibidas en ese entonces para mí), entre las que tengo muy presente Lágrimas y Risas. Con la mente regreso a aquel espacio que olía a jabón Tepeyac color rosa y a cigarros Faros. Una mezcla poco ortodoxa de recordar a un ser querido, pero que para mí significa una parte entrañable de mi infancia. Lágrimas y Risas hablaba de aquellos amores imposibles, vedados, que sólo la magia de Yolanda Vargas Dulché cristalizaba.

Viene lo anterior para hablar del sustrato emocional que hay detrás de actitudes que consideramos tan comunes, que hasta pasan desapercibidas. Llegamos a una oficina pública o a un comercio y anticipamos que seremos atendidos con cajas destempladas, de manera que el día que sucede lo contrario y nos reciben de manera amable y atenta, hasta nos sorprendemos. Habría que preguntarnos por qué o con quién está enojada aquella persona que nos atiende de malos modos, y por qué actúa como si se dignara hacernos un favor personal.

Ahora que se proponen modificaciones a la educación, algún experto mencionó la materia de Inteligencia Emocional, propuesta que en lo personal aplaudo. Hay que sentar bases emocionales que le permitan al ser humano convertirse en campo fértil para acoger, ver florecer y hacer fructificar aquellos conocimientos que se le impartan.

Ahora bien, la Inteligencia Emocional no es una materia que venga escrita en un libro y que con seguir la guía de estudio logre cumplirse. Se requiere de personas con formación personal en lo que corresponde al área afectiva, capaces de desarrollar unas adecuadas actitudes para percibir, asimilar y poner a trabajar aquello que finalmente habrá de transmitirse a los alumnos.

Vino a mi mente ese título de la revista Lágrimas y Risas por lo siguiente: finalmente, todo aquello que manifestamos en nuestras relaciones interpersonales, viene de nuestra forma de percibir al mundo.

Esa delincuencia que se ha venido dando a tantos niveles, desde el raterillo de barrio hasta los grandes magnates de cuello blanco en paraísos fiscales, tienden a compartir una característica en común: todos ellos van tras lo material buscando con ello sentirse satisfechos dentro de su propia piel. Y aquello se convierte en un círculo vicioso, puesto que lo material no es el satisfactor que podrá lograrlo. Y así continúan, o escalan, o se especializan, siempre con la vista puesta en el dinero, y nuestro país, de esta forma, se ha venido sumiendo más y más en la corrupción y la violación de los derechos humanos. Es tal su avidez, que encuentran justificado cualquier medio.

Para conseguir el cambio que México requiere no basta con instruir al intelecto mediante conocimientos. Habrá que comenzar a cambiar actitudes, expectativas, modos de interacción.

Congruencia es el nombre del cambio.
¿Comenzamos?

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