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Federico Muller
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13 Marzo 2020 03:00:00
Consecuencias económicas de los desacuerdos entre los miembros de la OPEP
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Es lamentable que surjan fracturas en la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), que se estableció desde 1960, siendo una de las cinco naciones fundadores Venezuela, así como Arabia Saudita. Paulatinamente ha venido creciendo, se ha multiplicado el número de sus miembros, en cuyas economías predominan las rentas petroleras. Actualmente 14 países conforman la OPEP. Entre ellos acuerdan cuotas y precios, tratando de influir en el mercado petrolero mundial.

La aparición de esa organización en el contexto económico y político fue para disminuir el poder que tenían las empresas estadunidenses e inglesas en ese nicho de actividades energéticas. Hace algunas décadas, su poder oligopólico era determinante en el precio del barril de petróleo, inclusive llegó a provocar una debacle económica a escala planetaria, en 1973, al subir el precio del crudo, sorprendiendo a los gobiernos y empresarios del mundo industrializado, quienes se vieron forzados a racionalizar el consumo de los combustibles en el mediano plazo, particularmente el sector automotor innovó y diseñó motores más pequeños y ahorradores de energía. Otra de las consecuencias del alza petrolera fue el incremento de la inflación en naciones con una larga estabilidad en los precios.

La decisión política del aumento de los precios del oro negro, también se acompañó del recorte de su oferta. Las reservas probadas de petróleo de los países miembros de la OPEP representan cerca de 80% del resto del mundo; para ampliar su poderío consiguió algunos aliados, que aunque no son miembros, acuden a las reuniones y toman acuerdos juntos; un país invitado fue Rusia.

Recientemente se presentó una situación contraria a los acuerdos que se daban entre ellos, porque Arabia Saudita, que es el mayor productor de petróleo en el mundo, no resistió la tentación de ampliar su producción, a raíz de las discrepancias que tuvo con Rusia, y a diferencia de la crisis de 1973 por recorte de oferta y aumento de precio, la debacle que se avecina en la economía mundial es por una sobreproducción de crudo, pues el país árabe está ampliando su producción diaria por arriba de los 10 millones de barriles.

Los efectos no se hicieron esperar y el precio de los combustibles ha comenzado a descender en las economías importadoras, con excepción de México, que sigue una política contraria a los cambios en el mercado mundial de petróleo. Las principales bolsas de valores del mundo también han resentido estos efectos, pues el precio de las acciones ha caído estrepitosamente. Si se añade la pandemia del coronavirus, que también sorprendió, definitivamente las expectativas del PIB mundial que se tenían habrán de disminuir, aunque los analistas de los organismos internacionales todavía no contabilizan el monto de las pérdidas, para emitir un pronóstico certero del crecimiento de la economía en el mundo.

Por lo que respecta a México, el riesgo que se corre con la baja de los precios del petróleo, es que las calificadoras degraden la calificación de Pemex, que traería consecuencias muy lamentables al resto de las actividades de la industria nacional, particularmente los pequeños y medianos empresarios, cuyos financiamientos se encarecerían al detonarse una crisis económica en el país.
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