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Rafael Flores Ramos
Rafael Flores Ramos
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26 Octubre 2012 03:00:11
Continuando con los califas
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Aprovechando las circunstancias políticas de guerra, entre las empresas, para colocarse junto a “Bombita” y “Machaquito”, aunque ellos eran los que hacían y deshacían, Joselito durante su dictadura tenía a Gaona desterrado de Madrid, hasta que en un mano a mano torearon en San Sebastián, siendo cogido por el primer toro, matando los seis toros Joselito.

Aunque en realidad Gaona toreaba con las figuras en las principales ferias de España, no sumaba el mismo número que ellos, ni cobraba, ni logra tener la misma categoría que ellos, siendo así el primer torero extranjero que se colocó al lado de las figuras y codeándose con ellas, pero no logrando superar a los españoles, ni en popularidad ni gloria, pero eso sí, logró que le dieran un lugar de distinción y respeto como un torero ya consagrado, siguiéndole una serie de toreros mexicanos de aquella época, pero sin llenar el sitio taurino de Rodolfo Gaona, aceptando la afición española, la idea de que en México se podían dar buenos toreros. Pero aun así siendo los amos de las temporadas españolas.

Tanto Ponciano como Gaona, carecieron de fuerza para imponer su mexicanidad e influenciar a los españoles como para conservarla, volviendo a México Gaona completamente agachupinado, despidiéndose de los ruedos, apareciendo un viernes santo, el 12 de abril de 1925, en la antigua Plaza del Toreo de la Condesa, ya que para los aficionados mexicanos todo se cubría en tinieblas, y parecía que iba a morir la afición en México, porque no se veía un digno heredero de tan grande esplendor y las campañas de León tocaron por última vez a Gloria y enmudecieron para siempre y el enorme coso, con sus 20 mil espectadores que se retiraban con los ojos húmedos, el corazón en pedazos, creyeron que al vaciarse se vaciaba para siempre y que nadie lo volvería a llenar ni de gente, de entusiasmo, de arte y torerismo.

Pero nadie hubiera sido capaz de adivinar que había surgido no un califa, sino que el pontífice papal del toreo en todo el mundo, un chaval de 13 años, que pacientemente había pasado por aquel enorme ruedo, con una minúscula e insignificativa figura, que con el tiempo, iba a ocupar el trono de Gaona, aprovechándose de su gloria, extendiendo sus dominios fuera de México, que jamás obtenidos por El Califa de León de los Aldamas, y que había partido plaza y toreado un becerro de la ganadería de Santa Rosa, en una novillada el 3 de agosto de 1924, alternando con José López, Crescencio Torres y Alberto Vara, siendo que por primera vez pisara la arena de la plaza El Toreo de La Condesa.

Estando en la puerta de cuadrillas en esa ocasión, fue la primera vez que ese chaval sintió el miedo en toda su vida en las mil corridas que toreó, ya que solamente dos ocasiones más, la tarde de su alternativa en Barcelona y la tarde de su despedida en la Plaza México, miedo que se disipó al recibir al becerro, pensando que sólo era un juego.

Hasta la próxima
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