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Eduardo Brizio
Eduardo Brizio
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El ex árbitro profesional conoce el comportamiento del futbolista dentro y fuera del campo de juego. Gusta de escribir de forma amena las innumerables anécdotas que su paso por el futbol profesional le ha dejado, claro, sin dejar a un lado la crítica y el comentario puntual cuando un tema polémico está en el aire. Siempre va en favor de la libertad de palabra y acción. Correo Electrónico: [email protected]

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20 Junio 2011 03:59:22
Contra el odiado rival


Muchísimas veces hemos señalado en este mismo espacio periodístico, el hecho de que la Selección Mexicana de futbol posee un acentuado efecto mimetizador, es decir, cuando se enfrentan a equipos de jerarquía, que desempeñan un futbol de excelencia, suelen pararse bien en la cancha y brindar excelentes partidos, mientras que por el contrario, cuando juegan contra escuadras de una asombrosa pobreza futbolística, se contagian del sistema, se desorganizan, la imprecisión se vuelve la protagonista y ese mal endémico del balompié nacional que consiste en fallar casi todas las oportunidades de gol que se fabrican, se hace presente. Pues eso fue exactamente lo que ocurrió en el duelo de cuartos de final de la Copa Oro frente a Guatemala.

No estaba presupuestado, definitivamente, iniciar perdiendo el partido; así, nadie podía creer que terminaran los primeros 45 minutos, y que el cuadro chapín fuera ganando por la mínima diferencia.

Contando con la complicidad del árbitro Courtney Campbell, quien por cierto, es oficial de policía en su natal Jamaica, México logró empatar los cartones en un gol precedido por una clarísima falta (no sancionada) de Héctor Moreno al saltar apoyándose sobre un adversario.

Luego sería con una genialidad del Chícharo, quien había permanecido inédito durante toda la noche, que México lograría el tanto de la diferencia, el que marcó el rumbo.

Un triunfo angustioso y circunstancial que ojalá y haga reflexionar a nuestros futbolistas y al cuerpo técnico en el sentido de que los partidos hay que jugarlos y no se puede ganar con la fama, la camiseta o con el simple hecho de pararse en la cancha, sobre todo, si tomamos en cuenta que al Tri, todos los equipos de la Concacaf (Confederación Norte, Centroamericana y del Caribe de Futbol) le salen a jugar a muerte.

El destino ha puesto en el camino a los catrachos, quienes seguramente resultarán un hueso muy difícil de roer el próximo miércoles en Houston, Texas, cuando se disputen las semifinales del torneo.

Por el otro lado, Estados Unidos estará enfrentando a Panamá en la otra semifinal y de ahí saldrá el rival de México, en el supuesto caso de que se logre vencer a Honduras para llegar a la gran final.

La suerte está echada, la meta es llegar el próximo sábado 25 de junio al Rose Bowl, de Pasadena, California, para contender por obtener por segunda vez consecutiva la Copa de Oro y de paso ganar un boleto para la Copa Confederaciones, a celebrarse en Brasil en 2013. Ojalá y sea “la final soñada”... contra el odiado rival.

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