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Miguel Badillo
Miguel Badillo
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12 Octubre 2009 03:00:29
Crece el hartazgo social
El gobierno calderonista devela la ruta de la conspiración contra los trabajadores sindicalizados

Aprovecharon la noche del fin de semana, sábado para amanecer domingo, y como hacen los pillos cuando se reúnen en la oscuridad, planearon el golpe en contra del sindicalismo independiente y de izquierda. El Gobierno federal ordenó así el despliegue de toda la fuerza del Estado para ocupar las instalaciones de los centros de trabajo de la Compañía de Luz y Fuerza del Centro, empresa que por decisión presidencial será liquidada y sus miles de trabajadores agrupados en el Sindicato Mexicano de Electricistas, lanzados al desempleo, bajo los argumentos de baja rentabilidad empresarial, corrupción y gastos excesivos. Una vez más son los trabajadores quienes pagan la mala y corrupta administración gubernamental.

Este golpe contra el sindicalismo combativo y opuesto a las erróneas políticas públicas, hace recordar aquella acción gubernamental cuando Carlos Salinas de Gortari planeó al inicio de su gestión, la aprehensión del entonces líder petrolero Joaquín Hernández Galicia, alias “La Quina”, y para ello utilizó, igual que ahora lo hace Felipe Calderón, las fuerzas represivas del Estado para someter a los trabajadores y encarcelar a sus líderes bajo acusaciones falsas.

Es cierto, Luz y Fuerza del Centro se ganó a pulso el rechazo y las críticas de los capitalinos. Es cierto, muchos conocíamos los problemas de corrupción que allí se generaban junto con esa electricidad caracterizada por los voltajes irregulares y a veces ausentes.

Los “diablitos”, los arreglos debajo del agua para subfacturar, las ventas de plazas y los privilegios. En fin, todo eso es cierto.

Pero también es cierto que, a diferencia del Sindicato de Trabajadores Petroleros de la República Mexicana (STPRM) o del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), el Sindicato Mexicano de Electricistas (SME) careció de la protección corporativista de un partido político en el poder para subsistir como lo hacen las organizaciones corruptas que encabezan Elba Esther Gordillo y Carlos Romero Deschamps.

¿Quién puede decir que no son iguales las onerosas pensiones de los electricistas y las de los petroleros? ¿Acaso el ineficiente y ofensivo dique que forma el SNTE en torno a la modernización educativa no atenta igual o peor para el interés público? Eso también es cierto y contra esos líderes charros y sus corruptas organizaciones gremiales no hay acción legal alguna, porque simplemente juegan el papel que al Gobierno le conviene.

Por ello, la liquidación de la LyFC –sugerida desde el año pasado por la no menos irregular Auditoría Superior de la Federación (ASF)– se presenta en el peor momento. Confirma la debilidad de un gobierno que sólo mediante el uso de la fuerza y la confrontación es capaz de generar los cambios que necesita el país.

No sólo eso, ratifica que Felipe Calderón tiene compromisos e inercias muy claras que no podrá romper aún cuándo sabe en dónde y cómo están los problemas. Por eso ataja problemas en donde no lo confrontan sus compromisos. Es allí en donde el “Presidente del Empleo” pierde la razón y aumenta su descrédito, a pesar de los aplaudidores que lo rodean para festejarle su autoritarismo.

En el decreto que oficializa el proceso de liquidación de LyFC, el gobierno calderonista devela la ruta de la conspiración contra los trabajadores sindicalizados del organismo descentralizado: desde el 28 de septiembre la gris secretaria de Energía, Georgina Kessel, presentó al mandatario la propuesta de liquidación de LyFC, dadas las crecientes transferencias presupuestales y el déficit actuarial generado por las pensiones.

No fue causalidad, por lo tanto, que en los primeros días de octubre en la Secretaría del Trabajo, Javier Lozano, negara la toma de nota al comité ejecutivo que encabeza Martín Esparza. Todo estaba decidido, acabar con el sindicato más fuerte que hay en el país y el principal opositor al gobierno de ultraderecha que encabeza Calderón.

Pero, ¿en dónde estuvo todo este tiempo el director general del organismo, Jorge Gutiérrez Vera (sí, éste es el director general de LyFC)? ¿Haciendo posible y acelerando la quiebra técnica de la empresa?

Era, en cambio, Martín Esparza, secretario del SME, que, sin éxito, buscó reelegirse por un tercer periodo, quien informaba sobre los planes de la empresa y hablaba de su incursión al mercado del Internet. Un proyecto, por cierto, que podría haber acelerado la decisión de apagar el switch al organismo descentralizado, cuyas operaciones quedarán a cargo de la Comisión Federal de Electricidad (CFE), que ahora depende de generadores independientes del fluido. Aún así, el gobierno de Calderón dice que no se trata de una privatización. Sólo es cuestión de tiempo, ya lo veremos.

Al gobierno represor de Carlos Salinas le llevó sólo unos días tomar la decisión de golpear al sindicato petrolero, mientras que al gobierno de derecha de Calderón le tomó tres años atreverse a liquidar el SME, el organismo gremial que firmó con Vicente Fox varios acuerdos dirigidos a incrementar la productividad, varios de los cuales estuvieron coordinados y conocidos por la Secretaría de Energía, en ese entonces a cargo de Felipe Calderón.

La diferencia es que a finales del sexenio foxista el PAN necesitaba aliados para las difíciles elecciones presidenciales que se avecinaban y esa fue la encomienda. Ahora, sin embargo, la estrategia panista ha cambiado ante la difícil situación que atraviesa el país y el partido en el poder, en complicidad con Los Pinos, va por todo en la carrera presidencial para el 2012 y lo que busca es apelar al hartazgo de los capitalinos (principal zona del país dominada por la oposición y la más politizada) que han enfrentado problemas por el mal servicio y los problemas en el suministro de la energía eléctrica.

El riesgo es que se despierte otro hartazgo más peligroso y hasta ahora contenido: el de los grupos radicales del sindicalismo y de los núcleos sociales más molestos con el rumbo que ha tomado la política económica y social dirigida por Calderón.

El SME, es un hecho, no está solo y apelará a todas sus fuerzas y sus aliados, que son muchos millones de mexicanos.
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