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Sergio Sarmiento
Sergio Sarmiento
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Empezó su carrera profesional en la revista Siempre! a los 17 años, cuando era todavía estudiante de preparatoria. Obtuvo la licenciatura en filosofía con honores de la Universidad York de Toronto, Canadá. A los 22 años entró a trabajar como redactor en Encyclopaedia Británica Publishers, Inc. y dos años más tarde fue nombrado director editorial de las obras en español de la empresa.

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01 Mayo 2020 04:02:00
Crisis económica
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El presidente López Obrador tomó ayer la noticia con optimismo. “Algunos pronosticaron que iba a ser mayor la caída y afortunadamente no fue así: 1.6 [por ciento] en relación con el trimestre anterior”, declaró. En realidad, el monto es bastante fuerte.

La cifra trimestral del Inegi no se puede comparar con la del Bureau of Economic Analysis de Estados Unidos, que estimó una baja de 4.8% en el primer trimestre, porque esta última es anualizada. Si el Inegi anualizara su 1.6 se traduciría en 6.4 por ciento.

El mundo entero se está hundiendo en una recesión que se estima será la peor desde la Gran Depresión, pero en México empezó antes. Este es el cuarto trimestre consecutivo con una contracción.

El Presidente ya no nos dice que tiene otros datos. Su argumento ahora es que estamos mejor que nunca porque el Gobierno está repartiendo más dinero a los pobres. Las dádivas, sin embargo, no resuelven los problemas. Compran votos, es cierto, pero generan dependencia y profundizan la pobreza al reducir los incentivos para el trabajo y la inversión.

Además, estamos sufriendo apenas el inicio de la crisis. Se espera que en el segundo trimestre el desplome sea bastante superior. Hay que añadir que México no tiene realmente un programa contracíclico para impulsar una recuperación de la economía. El Gobierno de Andrés Manuel López Obrador ha asumido quizá la posición más conservadora del mundo. Lo curioso es que al mismo tiempo declara que admira a Franklin D. Roosevelt, quien como progresista impulsó un fuerte gasto contracíclico en los años 30 para enfrentar la Gran Depresión.

Hasta este momento, las cifras de desempleo en nuestro país no reflejan cabalmente la realidad de la caída económica. La tasa de desocupación abierta del Inegi registró una baja sorpresiva al pasar de 3.7% en febrero a 3.4% en marzo. Quizá esto se deba a la forma en que la institución mide el desempleo. No solo pregunta a la gente si trabajó por lo menos una hora en la semana anterior, y en ese caso la considera ocupada, aunque no tenga un empleo formal, sino que también inquiere si la persona está activamente buscando trabajo. Si no lo está haciendo, no está desocupada. Sin embargo, mucha gente que se está quedando sin trabajo no está buscando uno nuevo porque sabe que en este momento no hay nada.

En lo que hace a los empleos formales registrados en el IMSS, hubo un descenso de 130 mil 593 entre febrero, con 20,613,536, y marzo, con 20,482,943. Es una pérdida importante que sin duda se acentuó en abril. No tenemos cifras de empleo de los gobiernos.

En el mundo, la Organización Internacional del Trabajo está calculando que se laborarán 10.5% menos horas en el segundo trimestre que antes de la crisis. Alrededor de 305 millones de empleos de tiempo completo están en peligro. Casi mil 600 millones de trabajadores informales se están viendo muy afectados por las cuarentenas y pueden sufrir una caída de 60% en sus ingresos.

La situación en México será peor que en otros países. En primer lugar, los errores de política económica provocaron que la recesión empezara antes. En segundo, las medidas contracíclicas para reanimar la economía son virtualmente inexistentes. El Presidente no se preocupa: “Tenemos una estrategia: ya decidimos no recurrir a deuda, decidimos no aumentar impuestos, decidimos no aumentar el precio de las gasolinas y decidimos fortalecer la política de austeridad republicana”. Pero más bien parece que López Obrador está impulsando una política exageradamente conservadora destinada al fracaso.



Burlar la ley

Llego a Monterrey por trabajo. Cuatro personas con mascarillas nos trasladamos en una camioneta, pero tenemos que escondernos para burlar una regla absurda que prohíbe más de dos personas en un vehículo.


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