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Federico Muller
Federico Muller
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24 Abril 2020 03:00:00
Crisis en el mercado petrolero mundial
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En la era moderna, al menos en el Continente Americano, después de la consolidación del territorio estadunidense sucedió un hecho histórico que aceleró el crecimiento económico de ese país. Se redescubría en las entrañas de la tierra el petróleo, y una vez en la superficie se industrializaba, que fue la gran diferencia con el mismo combustible usado por los romanos para fines artesanales o caseros. A mediados del siglo 19, y por cierto en Estados Unidos, el hallazgo estuvo a cargo de un personaje que la historia señala como responsable de poner en marcha el primer pozo petrolero en el mundo contemporáneo, encontró el oro negro a menos de 30 metros de profundidad, pero como casi siempre sucede, ha permanecido en la oscuridad, sin brillar monetariamente, pues fueron otros los que aprovecharon ese inusual y rentable redescubrimiento.

Desde la formación del mercado petrolero mundial no se había visto un crecimiento negativo en los precios del petróleo. Hace algunos días, en el mercado de futuros, un contrato que terminaba en mayo arrojaba una caída por debajo de cero en el precio del barril del petróleo texano (WTI). Aunque los analistas señalan que fue un caso excepcional, difícil de repetirse en el futuro, este hecho no se puede considerar como tendencia, pero sí refleja las condiciones tan adversas por las que está pasando la economía a escala planetaria.

Debido a la contingencia sanitaria mundial por el Covid-19, la demanda de hidrocarburos en todos sus tipos de refinados ha caído drásticamente, lo que se ha unido al afán desmedido de Arabia y Rusia de incrementar su producción petrolera para obtener más recursos. Los líderes de estos países consideran que la ampliación de volúmenes de ventas compensa lo que dejan de percibir por la baja en los precios, lo que ocasiona su agresiva política expansiva. Esa salvaje disputa por acaparar el mercado está siendo un factor disruptivo adicional al equilibrio macroeconómico mundial, que se venía consolidando desde la crisis inmobiliaria de 2007.

En el escenario mundial se tienen tres flancos que hay que atajar, o cuando menos mitigar: la crisis en el sector salud; la debacle económica y la sobreproducción petrolera. Un tóxico coctel nada agradable hasta para el más capaz y experimentado político de cualquier potencia económica. El precio negativo del petróleo se puede traducir de manera coloquial como el pagar a determinadas compañías por llevarse el combustible de los campos productivos y así reducir los costos de almacenamiento. El estrago ha sido el colapso, y varias medianas empresas productoras de gas y petróleo han dejado de producir simplemente porque su costo de producción es mayor al del precio de mercado.

En el caso de Pemex, de acuerdo con información que da su director, el costo de extraer un barril del crudo promedia los 14 dólares. Sin lugar a dudas, los márgenes de ganancia para la paraestatal son muy reducidos. La política racional sería disminuir la producción hasta, al menos, el nivel en que el costo marginal por unidad producida esté por abajo del precio de mercado, que se espera sea muy volátil en el corto plazo. La crisis petrolera mundial dificulta el rescate de la petrolera nacional, aunado a las políticas internas que no calibran el costo que tiene que absorber el Gobierno para oxigenar a Pemex.

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