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Isabel Arvide
Isabel Arvide
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Periodista, ha colaborado en los principales medios nacionales desde 1976. Recibió el Premio Nacional de Periodismo en 1984, primera mujer en obtenerlo por opinión. Es conocida por sus comentarios políticos críticos, ha publicado novela, poesía erótica, crónica y entrevistas. Entre sus libros destacan, con más de diez ediciones vendidas, "La Decisión Presidencial" y "Asunto de Familia", ambos analizando la corrupta relación entre Manuel Camacho, Carlos Salinas de Gortari y Luis Donaldo Colosio. En "La Guerra de los Espejos" narra el conflicto armado de Chiapas desde la visión de los cuarteles militares, editorial Océano, noviembre de 1998. Por el mismo sello editorial publicó, en 1999, "La Sucesión Milenaria" analizando el proceso electoral que llevaría a la derrota del PRI. Fue la efímera directora del diario Summa, de la empresa Televisa, hasta el primer día de diciembre de 1994, de donde salió por el encabezado: "Decepcionó el Gabinete". Hasta junio del 2000 escribió una columna política diaria para Ovaciones. A partir de esa fecha colabora en el diario Milenio, así como en el semanario del mismo nombre. Su columna diaria se publica en 15 periódicos de provincia. Visite www.isabelarvide.com

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29 Enero 2009 05:00:21
Crónica de una persecución oficial
Apenas llegamos al aeropuerto se acercaron prepotentes, en falsa actitud “amable” para ofrecer su “apoyo” ya que recibieron -nos dicen- instrucciones de México para “acompañarnos” y reforzar así mi seguridad… Están uniformados como policías federales preventivos, exhiben credenciales, todo en orden insisten. Aunque no saben de quién vienen esas órdenes.
Fue el inicio de una persecución tan obvia como intimidatoria que duró hasta entrada la noche a mi llegada al hotel.

Así se las gastan en Chiapas me repetían mis amigos a los que insistía, para efectos de las grabaciones telefónicas, en detallarles el número de vehículos, la falta de placas, la ostentación de sus tripulantes, las armas largas, los radios “Matra”, los chalecos, las placas policiacas.

Como en Chihuahua hace años supe que era un mensaje del gobernador. Y luego me informaron que el actual procurador, igual que el titular de la Secretaría de Seguridad Pública estatal, controla a los policías federales ahí destacamentados, que ambos titulares vienen de la misma corporación.

Por eso no me sorprendió, después de contar las camionetas en sentido contrario, las vueltas, los seguimientos, los vehículos estacionados en la carretera en nuestra espera, que más de diez agentes de la AFI nos rodeasen en Cintalapa, frente al humilde changarro de “internet” donde enviaba mi nota. No era sino parte de la puesta en escena.

Extraña sensación la de volver a tomar mi pistola con esa frialdad, de entender una vez más que esto de jugar a la vida va en serio, que en cualquier momento pueden disparar en tu contra y después arreglar los “trámites legales”, que un gobernador tiene capacidades por encima de las leyes vigentes y un ciudadano incómodo, un periodista sin mordaza puede fácilmente terminar muerto en un operativo oficial para “protegerlo”.

Así como, no hace tantos años por cierto, pretendieron secuestrar a mi hijo justificando que lo pensaron “víctima” de un “secuestro”. El acertijo del “te rodeo de policías para que entiendas que estás en mis manos y que éstos tienen autorizado todo”. Lo que hacía “Chito” Solís en Chihuahua bajo las órdenes del entonces gobernador Patricio Martínez. Y ahí está la lista de muertos. Y ahí permanece el recuerdo de la cárcel.

Ésas fueron, ésas siguen siendo las reglas del juego del poder en México. En Chiapas sobre todo. Larga jornada, devastadora gira de más de trescientos kilómetros, del aeropuerto a la cárcel ida y vuelta, rodeada de armas que sirven, simplemente, para detener el uso de otras armas en mi contra, oficiales todas. Fue tan obvio el operativo, tan exagerado el uso de agentes y demás que al cruzar la caseta de pago para entrar a la carretera que lleva de Monterrey a Saltillo, al día siguiente, el jefe de mi escolta señaló un convoy de la PFP diciendo que eso fue lo único que les faltó usar para amedrentarnos.

A Juan Sabines le molestó, imposible no asimilar el mensaje, mi presencia en Chiapas al lado de la familia, de los colaboradores de Mariano Herrán. Lo enfureció todavía más mi permanencia a las puertas de la cárcel donde lo mantiene incomunicado para efectos de su defensa mediática.

En la noche, en el suelo del baño, la ropa sucia olía a miedo. Conozco el tufo agrio, reconozco mi adrenalina, reencuentro mi vulnerabilidad femenina que horas antes enfrentaba en giros de 180 grados a los perseguidores de frente para medir una fuerza que no es tal… después de todo uno no hace, no sabe hacer sino escribir y eso de disparar, de sobrevivir, de mirar la muerte de cerca es ajeno al periodismo… O tal vez no sea así, quizás tengamos que insistir en sentir el acero de la nueve milímetros justo entre el muslo y la eternidad…
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