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Sonia Villarreal
Sonia Villarreal
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Licenciada en Ciencias de la Información y Comunicación. Regidora en el Ayuntamiento de Piedras Negras. Secretaria General del Comité Municipal del PRI. Secretaria Técnica del Ayuntamiento. Directora General de Desarrollo Social en el Municipio. Directora del Registro Público de la Propiedad y del Comercio. Secretaria de la Secretaría de las Mujeres en el Gobierno del Estado de Coahuila de Zaragoza. Diputada Local por el XVI Distrito Electoral, Presidente del Comité Municipal del PRI, Presidente Municipal de Piedras Negras Administración 2018. Actualmente Subsecretaria de Coordinación Interinstitucional en Materia de Seguridad.

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02 Noviembre 2019 04:00:00
Cuando el alma duele
Hoy es día de muertos, y hace 102 años, en 1917, Sigmund Freud dijo: “La muerte es algo natural, incontrastable e inevitable. Hemos manifestado permanentemente la inequívoca tendencia a hacer a un lado la muerte, a eliminarla de la vida. Hemos intentado matarla con el silencio. En el fondo nadie cree en su propia muerte. En el inconsciente cada uno de nosotros está convencido de su inmortalidad. Y cuando muere alguien querido, próximo, sepultamos con él nuestras esperanzas, nuestras demandas, nuestros goces. No nos dejamos consolar y hasta donde podemos nos negamos a sustituir al que perdimos”.

La muerte de un ser querido, cualquiera que sea el vínculo, es la experiencia más dolorosa que experimentamos los seres humanos. No sé si te ha pasado, pero si una persona que amamos se enferma o tiene un accidente, lo único en lo que piensas es en que “viva”, normalmente no nos detenemos a analizar las circunstancias, no reflexionamos en lo que esa persona puede sentir o sufrir, lo único que deseamos dentro de nosotros es que pueda vivir. Y cuando eso no pasa, cuando Dios o el destino deciden que es el fin, entonces sentimos que toda nuestra vida duele; nos duele el cuerpo, el alma, la voz, el pecho y el pensamiento. Caminamos y duele el aire, el sol, la familia, los amigos… nos duele el corazón.

Claro que pasa el tiempo y todo vuelve a la normalidad, vuelves a tus actividades, a tu rutina, pasan los días y piensas que con ellos también se irá el dolor, y sí, pero en un momento, quizá unos segundos, te das cuenta que no es así, que la herida duele más.

¿Qué es más difícil: que pase súbitamente, o verlos postrados en una cama? No sé, al final impacta igual, cuando recibes la noticia todo se pone oscuro, entras en una especie de shock, de confusión, no hay reacciones lógicas para expresar lo que se siente en esa explosión emocional, por momentos enojo, aceptación, negación, soledad, vacío, pero al final, predomina una profunda tristeza. Puedes llorar o no, pero tu corazón está agujereado.

Una amiga dice que un corazón agujereado solo lo puede llenar Dios, creo que sí, pero lo que nunca falla en esos momentos es un abrazo fuerte, un hombro firme, un llanto acompañado, y un oído atento, dispuesto a escuchar nuestra necesidad de hablar.

Yo creo que las almas buenas van al cielo, muchos dirán que no, es más, dirán que el alma no existe, quizá nuestros difuntos nunca atraviesen ese camino de flores brillantes con pétalos de cempasúchil, quizá no vuelvan a la vida de una manera brillante y digna aunque pongas su foto en un altar, pero recordarlos y amarlos cada día aunque ya no estén, sin duda les permitirá seguir viviendo.

Eso es algo muy bonito que tienen nuestras tradiciones mexicanas, aunque en los estados del norte no es tan común, en todos lados empiezan a organizarse los desfiles de catrinas y esos espectaculares altares llenos de color.

Esa es la manera más bonita de pensar en ellos, cuando el alma duele, es mejor recordarlos con alegría, recordar sus consejos, sus risas, sus ocurrencias, su comida preferida, sus canciones. Todo pasa con el tiempo, pero mientras los recordemos, ellos vivirán para siempre. Y tú…¿qué opinas?
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