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Rafael Flores Ramos
Rafael Flores Ramos
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27 Enero 2012 04:00:52
Cuando hay Sinfonía de Arte y Creatividad
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Unas de las tantas facetas de que se compone la fiesta brava, es la creatividad y el arte, es en base al sitio, oficio que se adquiere a través de la experiencia y como consecuencia posee un torero.

Tal es el caso de Sebastián Castellá, que el domingo pasado en la Plaza México, demostrara desde el momento de empezar a bregar al toro, de nombre Habanero, de San Isidro, abriéndose de capa con tres lances a capote volteado, con una rodilla en tierra, para después dar varias verónicas.

Ya en el tercio de muleta sucedió un hecho pocas veces visto, que al ir a brindar su faena al respetable, en los medios con la muleta plegada en la mano izquierda y montera en la mano derecha, Habanero se le arranca envistiéndolo de largo, Castellá sin inmutarse y sin soltar la montera lo recibe desplegando la muleta de la mano izquierda, con una parsimonia asombrosa, como si estuviera practicando de salón, recibiéndolo y dándole una especie de ayudado por alto, resolviendo ese imprevisto para después terminar de brindar.

Empezando la faena con dos cambiados por la espalda, con serie de derechazos que se entrelazaban entre sí, con una seriedad y quietud siempre en los medios, donde se hace el toreo verdad, con una técnica y clase muy característica en él rematando con pases de pecho.

Cambiándose la muleta a la izquierda, ejecutando una serie de naturales, viniendo un desarme para volver con una gran tanda de derechazos borrando el desarme; con la mano izquierda hizo una serie de naturales, con un temple y maestría, demostrando así el gran sitio, con clase y valor que posee. Pero no paró ahí, ya que teniendo a Habanero entregado en la muleta, tomando ésta con la derecha por la punta del estaquillador, realizó tres pases magistralmente con un temple asombroso y con la muleta plegada el pase de su creación “La Castellina”, como sí le estuviera dando de comer al toro o como cuando se le ofrece un dulce a un niño y te sigue hasta el fin del mundo, con lo que hizo que el público se pusiera de pie ovacionándolo, matando de una estocada, por lo que se le otorgó las dos orejas.

Por lo que se refiere al Payo, no acaba de aprender que el toreo se compone de tres tiempos: citar, templar y mandar, dándole la distancia que requiere cada toro según las características del mismo, ya que no se requiere nomás valor, sino que hay que aprender a torear, ya que el domingo le tocaron dos toros, que aunque con diferentes características, tenían tela de donde cortar, pero nunca les agarró la distancia a la hora de citar, saliéndose de la suerte dando uno o dos pasos de más, acortando las tandas y sin templar; eso sí, muy valiente, perdiéndole el respeto al toro, al grado que fue trompicado en varias ocasiones y estuvo a punto de irse a la enfermería, cortando una oreja
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