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Salvador García Soto
Salvador García Soto
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Salvador García Soto es periodista. Nació en Guadalajara Jalisco, donde cursó la licenciatura en Ciencias y Técnicas de la Comunicación en la Universidad del Valle de Atemajac. En Guadalajara colaboró en varios medios locales y en oficinas de los gobiernos estatal y federal. Fue reportero de la fuente política en El Heraldo de México y en el diario La Crónica de Hoy. Desde 1998 escribe la columna política Serpientes y Escaleras que se ha publicado en los periódicos La Crónica, El Independiente y actualmente en el Universal Gráfico. Fue director general de Crónica y ha colaborado en revistas como Vértigo y Cambio. Durante dos años fue conductor del programa Cambio y Poder que se transmite por Cadena Raza y desde noviembre 2003 colabora en W Radio como comentarista del noticiario Hoy por Hoy tercera emisión y en el programa El Weso.

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18 Septiembre 2019 04:06:00
Cuauhtémoc y Cuitláhuac, dos gobernantes fallidos
Como si en la etimología náhuatl de sus nombres estuviera marcado su destino, Cuauhtémoc Blanco, que significa “águila que cae”, y Cuitláhuac García, “águila en el agua”, los gobernadores de Morelos y Veracruz que llegaron al poder de la mano del presidente Andrés Manuel López Obrador y su 4T, hoy están envueltos en rumores y amenazas de caídas y de juicios políticos debido a su ineficacia y su incapacidad para gobernar y controlar la inseguridad y la violencia en sus respectivos estados.

De un lado Cuauhtémoc, quien -según versiones que le confiaron sus propios colaboradores cercanos a la periodista Martha Anaya- estuvo a punto de “tirar la toalla” y fue a Palacio Nacional a ver al presidente López Obrador para plantearle su dimisión al cargo. El Mandatario morelense, quien ayer salió a negar en conferencia y en mensajes en redes sociales su intención de pedir licencia al cargo, se queja de que no tiene apoyo del Gobierno federal, algo que él ha pedido en reiteradas ocasiones ante los hechos de violencia cada vez más graves en su estado.

No es la primera vez que el exseleccionado nacional confiesa su incapacidad para garantizar la seguridad y la gobernabilidad de su estado. Lo dijo el 8 de mayo cuando en plena Plaza de Armas de Cuernavaca asesinaron de varios disparos a quemarropa al empresario Jesús García, líder de comerciantes en la entidad, y lo repitió el 2 de septiembre cuando sicarios abrieron fuego en plena central de autobuses de la capital morelense. “Necesitamos del apoyo del Gobierno federal, nosotros no podemos solos”.

Por lo que se refiere a Cuitláhuac García, el morenista al que en menos de cuatro meses le asesinaron en dos cruentas masacres a 43 personas, la primera en abril en Minatitlán y la segunda en Coatzacoalcos en agosto pasado, las constantes defensas y espaldarazos abiertos del Presidente no han logrado revertir la imagen de un Gobernador completamente rebasado por la inseguridad y la violencia.

Cuitláhuac -que literalmente parece un águila que hace agua- enfrenta ahora una demanda de juicio político del PAN, encabezada por el senador Julen Rementería, en la que lo acusan de ser responsable de “la espiral de violencia e inseguridad y de la crisis política que se vive en su estado”. En respuesta, el Mandatario, al que una y otra vez ha tenido que acudir en su rescate el presidente López Obrador, dice, muy seguro de la protección federal de la que goza: “Que lo intenten, son libres… no me voy a amparar, y ellos están en su derecho. Qué bueno que vigilen a los gobernantes, no soy (Miguel Ángel) Yunes, ni (Javier) Duarte, no tengo cola que me pisen, soy académico, soy maestro, y estamos haciendo bien las cosas”.

Uno por académico y el otro por futbolista, pero en los hechos, ni Cuauhtémoc Blanco ni Cuitláhuac García demuestran la capacidad de gobernar sus estados y de garantizar la seguridad. De no ser por el apoyo que tienen desde Palacio Nacional o de que controlan a las mayorías en sus Congresos locales, estos dos gobernantes ya hubieran corrido la suerte de los dos tlatoanis aztecas, el penúltimo y el último de los que gobernaron a Tenochtitlán, y en cuyos reinados sucumbió el gran imperio mexica, superados por las armas de sus enemigos, pero también por sus yerros, su ingenuidad y su dubitativa forma de ejercer el poder que les fue conferido.
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