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Dan T
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08 Enero 2019 03:54:00
Dame más gasolina
Una señora estaba vendiendo naranjas en la calle. Un señor que pasaba por ahí le preguntó:

-¿Cuánto cuesta el kilo, señora?

–Vale 60 pesos. Es de la naranja sin semilla.

–¿Y cuántos kilos trae, señora?

–Uy, pues como 18 kilos.

–Ok, me los llevo todos.

–Nooo, ¿cómo cree? No se puede llevar todos.

–¿Y por qué no, seño?

–Pues porque. ¡luego yo qué vendo!

La lógica del nuevo Gobierno federal es bastante parecida a la de esta vendedora: en su cabeza ­—sólo ahí— suena lógico lo que están diciendo. Los que vinieron a sustituir a Enrique Peña y sus muchachos no sé si son brutísimos o simplemente les gusta engañar a la gente. Ahí está la crisis de la gasolina en 10 estados de la República (Guanajuato, Jalisco, Michoacán, Edomex, Hidalgo, Puebla, Aguascalientes, Tlaxcala, Coahuila y Querétaro). Resulta que el vocero presidencial y enemigo del peine, Jesús Ramírez Cuevas, salió a decir que no había “desabasto” de gasolina, sino “retraso en la entrega”. ¡Aaaah, no pos’ sí! Pero entonces, si hay retraso en la entrega, no hay producto, ¿cierto? Y si no hay producto, este, pues, bueno, creo que eso se llama desabasto. Y si en este caso el producto que no llega a los consumidores se llama gasolina, pues entonces estamos ante un claro, evidente y clarísimo “desabasto de gasolina”. ¿O de plano ya no me hacen sinapsis mis dos últimas neuronas?

Lo mejor el asunto es que esta crisis se debe a que el Gobierno de Andrés Manuel López Obrador decidió cerrar los ductos, que para evitar el robo de combustibles. Ha de pensar el amado líder que no hay robo en las pipas, pero bueno. Qué bueno que quieran combatir el huachicoleo, pero si lo van a hacer. ¡háganlo bien! La gente puede entender que haya escasez por un buena causa como combatir a los huachicoleros, pero ¡avísenle! Cuando iba a acabar el sexenio de Peña, el Gobierno avisó que iba a haber una fuerte escasez de agua en la Ciudad de México por las obras en el sistema Cutzamala. Nadie en ese momento se puso a mentar madres, la gente simple y sencillamente se preparó como pudo para la sequía. Quienes tenemos tinacos nos volvimos sexys de la noche a la mañana. Si en esta ocasión el Gobierno hubiera avisado que habría poca gasolina, la gente no habría entrado en pánico y todo el mundo hubiera tomado las medidas necesarias para evitar problemas. Ah, no, pero con en Palacio Nacional creen que todo lo saben, decidieron aventarse a lo güey sin medir las consecuencias de sus decisiones. ¡Unos genios!

¡Hay tamales!

Antes de seguir, tengo que mandarle un saludo a Fernando Ramos, conocido en el bajo mundo como “El Calandria” y quien desde su puesto de dulces en el lavado “Servicio Plutarco” es uno de los lectores más fieles de esta columna. Ahora sí, hablemos de comida: ¿por qué somos tan tragones los mexicanos? Todavía no nos terminábamos el recalentado de Navidad y de Año Nuevo cuando ya estábamos comprando roscas de Reyes como si estuvieran hechas con semen divino y todos fuéramos a parir niños dioses de verdad. Cualquiera que se haya dado una vuelta por las panaderías o los supermercados en estos días, habrá visto las montañas de roscas que, una sobre otra, documentaban por qué diablos México ocupa uno de los primeros lugares a nivel mundial en obesidad. Y lo más increíble es ver a aquellos que tienen la boca llena de su segundo pedazo de rosca (de su tercer rosca de la temporada) poniéndose de acuerdo. ¡para los tamales! Por cierto, el mío que sea de rajas.

¡Nos vemos el jueves!
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