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Edith González
Edith González
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02 Abril 2009 03:42:00
De futbol mexicano, salud y otros asuntos
Amigo lector, iniciaré con una frivolidad —parecida a las del presidente francés y su esposa en su reciente visita—. La Selección Nacional debería realizar sus partidos de entrenamiento en el estadio donde jugará de anfitrión durante las eliminatorias para ir al mundial de Sudáfrica, y no en EU.

Sería lo lógico: incrementar la ventaja de ser locales.

Dos cosas más. Que se revise cuál es el nivel de juego de los seleccionados que no son mexicanos por nacimiento. Si en su país de origen fueran seleccionados y además titulares indiscutibles, que sean bienvenidos; si no, mejor darle la oportunidad a los nuestros, pues su calidad es similar.

Y dos, ¿qué tan provechoso ha resultado convocar jugadores que no son titulares en sus equipos? Nery Castillo y Giovanni dos Santos, no lo son. Quizá aporten más quienes estén en un buen momento.

Regresemos a la dureza de la cotidianidad. Una vez que me lo contaron, entiendo con rabia la causa por la que los miembros del poder legislativo y otros servidores públicos de este país se otorgan a sí mismos seguros de gastos médicos mayores, siendo que ya cuentan con ISSSTE o con IMSS. Ahí, a la vista de todos, se violan los derechos humanos de igualdad y no discriminación de sus usuarios.

Tengo mucho tiempo de conocer a María, una mujer honrada, hogareña, a quien no le gustan los líos y sí la vida. Afectada desde joven por varias enfermedades, ha enfrentado sus escollos con empeño, con entereza y dignidad. Acudió al ISSSTE hace pocos días y al calvario de sus dolencias tuvo que agregar el viacrucis del maltrato y carencias de la institución.

Un miércoles cualquiera de la recién entrante primavera, a las 10:30 de la mañana —anote bien la hora, 10:30 de la mañana—, María llega al ISSSTE, con cita previa, para consultar al angiólogo. En la sala de espera, todas las sillas están ocupadas, ya sea por personas, quienes no necesariamente son enfermos, o por bolsas y otros cachivaches, el caso es que la espera para ver al especialista fue de pie. Un guardia, esporádicamente, recuerda a los presentes que las sillas están destinadas para enfermos, parece que le habla al viento.

A las dos de la tarde la recibió el especialista. Aparte de sus males habituales, María le habló sobre un dolor agudo en la espalda; el médico la envió sin más, a la sección de Urgencias del mismo hospital.

15:00 horas: María llega a Urgencias, tampoco puede sentarse y nadie la canaliza al interior de la sección, bueno, ni siquiera le toman los signos vitales. Después de hora y media la recibieron, la enviaron a radiografías, la pasaron a un cuarto donde había otros pacientes, por cierto, algunos sentados o acostados en el suelo. Un médico le indicó que debía ser hospitalizada, pero que antes le harían un ultrasonido (que nunca tomaron).

Otro facultativo, a las 2 de la mañana, le dijo que sólo era una inflamación muscular y que podía retirarse. Poco más de 15 horas invertidas para salir de ahí con un antiinflamatorio y paracetamol. Epílogo: María sigue mal.

Un breve parpadeo: con el cambio de discurso de Estados Unidos, no estaría mal pedir un subsidio compensatorio por la desigualdad en infraestructura y desarrollo económico al estilo del que otorgó la Comunidad Europea a España, Portugal, Grecia e Irlanda. El objetivo es dejar de ser un buen socio para formar una comunidad de socios en igualdad de circunstancias.
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