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09 Mayo 2019 03:43:00
De la cachetadita
Después de su cita con el urólogo, un señor llegó muy contento a su casa, tanto, que hasta iba silbando la nueva canción de Beatriz Gutiérrez Müller.

–¿Y ‘ora tú? ¿Por qué vienes tan contento?

–Es que el urólogo me entregó los resultados de mis estudios.

–¡Ay, qué bueno, viejo! ¿Y qué te dijo? ¿Cómo saliste?

–Pues que estoy muy bien de todo, pero del deste estoy sano, sanote, puro machote.

–¿De qué diablos hablas, viejo? ¿Que tu dese está sano sanote puro machote? ¿En serio eso te dijo el doctor?

–Sí, mira, aquí en el papel que me dio dice SSPM.

–A ver... ¡ah, con razón! Léele bien, viejo. SSPM: sólo sirve pa’ mear. ¡Ya decía yo!

Algo parecido le pasa al Gobierno de Andrés Manuel López Obrador con la economía: mientras los que sí saben advierten que vamos derechito a una crisis, el Presidente insiste que él tiene “otras cifras”. Y, vamos, el amado líder cabecita de algodón murmullo de las mañaneras tiene todo el derecho a creer en lo que le dé la gana: los ovnis, el chupacabras, ¡hasta en los beneficios de la chía! El problema es que la economía no es cuestión de creencias, sino de realidades.

Y la realidad en México es que este Gobierno tomando decisiones económicas que van de lo absurdo a lo pendejo, pasando por lo francamente peligroso. Y eso es lo que no quieren entender en Palacio Nacional: que la economía sí resulta afectada por las malas decisiones.

Si el Presidente, pongamos como ejemplo, se equivoca y nombra a un viejo ridículo, grosero y medio bruto como secretario de Comunicaciones –es un supuesto– el país no está en riesgo.

La cosa no pasa de que ese supuesto funcionario se convierta en la botana de todos los que se la pasan atentos a criticar el más mínimo error del Gobierno. Pero, en cambio, si el Presidente a ese mismo animal que tiene en la SCT le hace caso y cancela el nuevo aeropuerto y los sustituye con dos chiqui terminales, entonces México sí está en problemas porque, de entrada, pierde dinero, mucho dinero que ya se había invertido en la construcción de ese aeropuerto.

Pero esa no es la única pérdida. Al ver que cancelan el aeropuerto porque el Gobierno no respeta los contratos que cumplen con todas las de la ley, los inversionistas (sobre todo los extranjeros) dicen: “no, ni madres, yo no meto mi lana en México”. Y entonces ya no llega dinero, no se crean nuevas empresas ni, obvio, nuevos empleos. Eso explica, entonces, que México se haya desplomado ¡ocho lugares! en la lista de los países más atractivos para invertir.Todavía el año pasado, a los inversionistas no les preocupaba tener en la Presidencia a un güey tan güey como Kike Peña. Pese a todo sabían que era tonto, pero no tanto, por lo que podían confiar en que no haría una locura que le pusiera en la madre a las inversiones. En el sexenio de Peña, los empresarios se tenían que preocupar de la inseguridad, de la corrupción, de los costos de la energía, de los impuestos, de la burocracia y, a veces, hasta de los sindicatos mafiosos.

Hoy se siguen preocupando de lo mismo, pero también tienen que estar mordiéndose las uñas por ver con qué nueva pendej... perdón, con qué nueva sorpresita les va a salir el Presidente en su mañanera. ¿Yo soy empresario? Por supuesto que no. Pero en serio la cosa está muy grave cuando hasta yo entiendo que las decisiones económicas de AMLO son sin sentido.

Que Alfonso Romo, el jefe de la oficina de la Presidencia, diga que la economía sólo ha recibido “una cachetadita”, eso quiere decir que en realidad las cosas se están poniendo de la cachetada.
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