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Brozo el Payaso Tenebroso
Brozo el Payaso Tenebroso
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Si tienen metro, arrieros somos.... Cualquier cosa relacionada con la columna. Ahi me encuentran regocijado en la "güev": [email protected]

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24 Diciembre 2013 05:08:09
¡De maguey gordo, nunca buena aguamiel!
¡Chamacos barrigones, jijos de mis últimos pensamientos! Como aparte de la fiesta, el chupe y el rompedero de piñatas, tambor son tiempos de reflexión, quiero contarles que anda armando mucha bulla por la interneta un libro del profesor Andrew Oitkede de nombre ‘Obesidad Mental’, que echa a andar lo que él considera el peor problema de la sociedad moderna: “... la Humanidad tomó conciencia de los peligros del exceso de gordura física por una alimentación sin reglas. Estamos ahora en el momento de notar que... nuestra sociedad está más abarrotada de preconceptos que de proteínas, más intoxicada de lugares comunes que de hidratos de carbono. La gente se vició de estereotipos, juicios apresurados, pensamientos tacaños, condenas precipitadas. Los cocineros de esta magna “fast food” intelectual son los periodistas y comentaristas, los editores de la información y los filósofos, los argumentistas y realizadores de cine. Los noticieros y telenovelas son las hamburguesas del espíritu, las revistas y novelas son las donas de la imaginación”.

Un ejemplo muy clarito de lo que dice el prof, fue el experimento que hizo ‘The Washington Post’ con Joshua Bell, uno de los más grandes violinistas del mundo, que para entrar a sus conciertos hay que soltar 100 dolaritos mínimo y que tocando un violín Stradivarius de 1713 en una estación del metro de Washington apenas pudo juntar poco más de 32 dolarucos. Y de miles que se pasearon enfrente de él, apenas 27 se paraban un momento a escucharlo. La pregunta de la que partió el perióquido fue; ¿Pasaría inadvertido uno de los mejores violinistas del país tocando en plena hora punta en el metro de Washington? Y la respuesta obvia, fue que sí, a la gente le valió.

El profe Oitkede, no culpa sólo al sistema de esta broncota, sino que tambor embarra al hogar porque dice que un padre responsable no le daría a sus chilpayates nomás dulces y chocolates pa’ tragar porque se enfermarían, y que: “... No se entiende, entonces, cómo es que tantos educadores aceptan que la dieta mental de los niños esté compuesta por dibujos animados, videojuegos y telenovelas. Con una ‘alimentación intelectual’ tan cargada de adrenalina, romance, violencia y emoción es normal que esos jóvenes nunca consigan después una vida saludable y equilibrada”. En uno de los capítulos más polémicos, titulado “Los Buitres”, dice: “La prensa dejó hace mucho de informar, para sólo seducir, agredir y manipular... sólo la parte muerta y podrida de la realidad es la que llega a los periódicos”.

Tambor aclara que en estos tiempos con la ayuda de las nuevas tecnologías: “El conocimiento de las personas aumentó, pero lleno de banalidades. Todos saben que Kennedy fue asesinado, pero no saben quién fue Kennedy. Todos dicen que la Capilla Sixtina tiene techo, pero nadie siquiera sospecha para qué sirve. Todos creen que Saddam es malo y Mandela es bueno, pero ni desconfían por qué”. En las conclusiones se deja ir con todo: “... las grandes realizaciones del espíritu humano estén en decadencia. La familia es discutida, la tradición olvidada, la religión abandonada, la cultura se banalizó, el folklore entró en caída libre, el arte es fútil, paradójico o enfermo. Florece la pornografía, el charlatanismo, la imitación, la insipidez, el egoísmo. No se trata de una decadencia... Es sólo una cuestión de obesidad. El hombre moderno está adiposo en el raciocinio, gustos y sentimientos... Precisa sobre todo dieta mental”.
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