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Macario Schettino
Macario Schettino
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Doctor en Administración, candidato a doctor en Historia. Es profesor en la división de Humanidades y Ciencias Sociales del Tecnológico de Monterrey. Ha publicado 15 libros, el más reciente: "Cien años de Confusión. México en el siglo XX", con Taurus. Su columna consiste en análisis sencillos de fenómenos económicos y financieros.

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16 Octubre 2009 03:49:45
Decisión y creencias
Sabemos, desde hace casi medio siglo, que no existe ningún ordenamiento de preferencias para una sociedad. Es decir que no existen decisiones que puedan gustar a todos, ni tenemos todos las mismas preferencias acerca de algún tema, sea éste el que fuera. A lo mejor usted piensa que eso es obvio, pero no lo es, al grado de que se sigue hablando de “el interés nacional”, “el bien común”, y otras palabras similares.

La decisión de extinguir Luz y Fuerza del Centro ha tenido un apoyo mayoritario en la población, según las encuestas publicadas, pero también ha sufrido críticas, no sólo de quienes resultaron directamente afectados por ella, el SME y sus muchos aliados, especialmente en la izquierda radical, sino también de opinadores de diverso signo.

Pero es difícil criticar una decisión tan aplaudida por el público, de forma que no queda más que aceptar que efectivamente Luz y Fuerza era un pozo sin fondo, pero se argumenta que eso también fue culpa de su administración, es decir, en última instancia el gobierno; se dice que el tema pudo resolverse mediante negociación, y no haciendo uso de la fuerza pública; o se sostiene que, de ser verdadera la intención del gobierno de atacar la ineficiencia, tendría que haberse empezado por Pemex o el SNTE, pero esos son sus aliados y por eso no los tocan.

No cabe duda de que los problemas en las empresas del gobierno se deben a mala administración y privilegios sindicales. Es más, esos problemas son en realidad resultado de la manera en que se construyó el Estado en México, el régimen de la Revolución, que se sostenía en el poder con la ayuda de las corporaciones, a las cuales les pagaba con prebendas. En el caso de los sindicatos, los salarios elevados, prestaciones exageradas y pensiones impagables que vemos en el caso de Luz y Fuerza; en el caso de los campesinos, con tierras y subsidios; en el caso de los empresarios, con mercados cerrados y bajos impuestos; y en el caso de los intelectuales, con universidades, contratos y reconocimientos. Todos sostenían al régimen y éste los sostenía a todos. Nada de lo que hoy pasa en México es resultado de generación espontánea.

Precisamente por eso, porque esos privilegios no pueden sostenerse, no hay otra manera de resolver el problema que eliminándolos. Algunos sindicatos han aceptado cambios en sus contratos colectivos o en sus pensiones, que han impedido una quiebra general del Estado, pero falta mucho más. En el caso de Luz y Fuerza, esto no había ocurrido, ni había ninguna razón por la cual esperar un cambio de actitud de su sindicato. Proceder mediante mesas de negociación hubiese sido una irresponsabilidad mayor.

Pero no hay decisión que guste a todos, decíamos al inicio, y así será con ésta. Y tampoco habrá forma de argumentar seriamente, porque a pesar de la historia del SME, habrá quien diga que se trataba de un sindicato dispuesto a negociar. Y lo mismo ocurre con el tema de los otros sindicatos del Estado, también llenos de privilegios e ineficientes, que unos pensarán que debieron haber sido enfrentados antes de Luz y Fuerza. No habrá manera de que acepten que este caso era, por mucho, el más grave y por lo tanto el más urgente de resolver.

Y es que, a final de cuentas, los seres humanos apelamos a las creencias cuando ya no tenemos datos, argumentos o razones. Y las creencias son parte indisoluble de nosotros, son el armazón con el que entendemos al mundo. Primero modificamos la realidad que nuestras creencias. Y para todos aquellos que crecieron repitiendo las mentiras revolucionarias, que se aprendieron de memoria eso de las victorias laborales y la permanente lucha por la justicia social, para todos ellos no se trata de defender a un grupo privilegiado, sino a su propia razón de ser. Y no hay nada de malo en ello, pero hay que entenderlo como lo que es.

Algo similar ocurre con los empresarios que se defienden frente al intento de cobrarles más impuestos, o con quienes no pueden aceptar los impuestos generalizados. Cada quien defiende sus intereses, por un lado, y sus creencias, por otro. Y como la forma en que se construyó México generó precisamente grupos de interés y sólidas creencias, debería ser totalmente claro por qué no podemos tomar decisiones en nuestro país.

Es un problema que deriva de la forma como pensamos, y no de la realidad misma, lo que impide enfrentar los grupos de interés con la fuerza necesaria. Por eso, la decisión de extinguir Luz y Fuerza es mucho más importante de lo que parece a primera vista. Las decisiones que sigan lo mostrarán, o la convertirán en un simple exabrupto sin sentido.

http://www.macario.com.mx

Profesor de Humanidades del ITESM-CCM
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