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Ricardo Alemán
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04 Noviembre 2019 04:02:00
¡Del Día de Muertos al Gobierno de muertos!
No, no es solo un juego de palabras. Está claro que la celebración del Día de Muertos es la mayor tradición que México aportó al mundo; celebración única que conecta a los vivos con el inframundo de los muertos, concepción fundamental en culturas prehispánicas.

Sin embargo, la violencia criminal que hoy impera en México convirtió a nuestro país en uno de los más violentos del orbe, con poco más de 32 mil ciudadanos asesinados en solo los primeros 337 días del nuevo Gobierno; 11 meses de una gestión caótica que aterroriza a la sociedad con el libertinaje con el que operan las bandas del crimen organizado.

Lo sorprendente, sin embargo, es que la sociedad mexicana que antaño se escandalizaba por los elevados niveles de violencia y muerte en gobiernos como los de Felipe Calderón y de Peña Nieto, hogaño calla e ignora las cifras inmorales e intolerables de muertes, en el Gobierno de López Obrador.

Hoy mueren en promedio 96 mexicanos diarios en hechos violentos; el conteo está cerca de 3 mil muertes al mes; supera las 32 mil muertes en solo 11 meses y coloca al de López Obrador como el sexenio de la muerte, el más violento de toda la historia.

En el primer año de gestión, López Obrador habrá superado las 35 mil muertes violentas, cifra que rebasa 33% el promedio de muertos registrados por año en el gobierno de Peña Nieto –estimados en 25 mil fallecidos anuales–, y que significa 300% más muertes violentas que en el Gobierno de Calderón, en donde el promedio anual fue de 10 mil.

Queda claro el fracaso escandaloso del mayor compromiso asumido por el candidato y luego presidente López Obrador, quien supera por mucho la incapacidad para contener el crimen de presidentes como Felipe Calderón y Peña Nieto.

¿Qué significan las escandalosas cifras anteriores? ¿Cómo entender que el grupo político que hoy gobierna fue el mismo que pretendía lleva a Felipe Calderón ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, porque era intolerable que con Calderón perdieran la vida 10 mil personas al año, cuando hoy mueren 35 mil en ese mismo periodo de tiempo?

¿Qué pasó con los anticuerpos sociales, con las capacidades de asombro, indignación y exigencia de resultados para contener el crimen, frente al fracasado Gobierno de López Obrador, cuando los muertos de hoy son 33% más que los muertos de Peña Nieto y se multiplica por tres veces en el Gobierno de Calderón?

Por eso, los ciudadanos todos debemos seguir preguntando, exigiendo respuestas frente al “valemadrismo” y la cobardía de instituciones clave del Estado como los poderes Legislativo y Judicial, y como los partidos opositores que nada hacen y menos dicen frente a la violencia fuera de control.

¿Ya no es de escándalo la mayor cifra de muertos de la historia; los muertos de Obrador? ¿Ya no acudirán ante la CIDH y menos ante la ONU para denunciar la incompetencia presidencial? ¿Ya no servirá el eslogan de “No más sangre”? ¿Ya no les parece inadmisible y digno de la renuncia presidencial y del Gabinete de Seguridad, la impensable cifra de 35 mil muertes en el primer año del Gobierno de López Obrador?

Lo cierto es que hoy poco importa la festividad del Día de Muertos frente a las 96 personas que todos los días pierden la vida en México y que permite y hasta promueve el Gobierno de Obrador; ante miles de mexicanos que en los próximos años perderán la vida por la violencia sin freno en el país.

Lo ridículo del tema es que, por años, López Obrador y sus partido –primero PRD y luego Morena– utilizaron la violencia criminal y las cifras inaceptables como instrumento político, como gancho para ganar votos y como arma para desacreditar a los gobiernos de Calderón y Peña.

Hoy la realidad confirma que a López Obrador nunca le importó parar la violencia y menos la seguridad de los ciudadanos; nunca le importó la democracia y tampoco se preocupa por mejorar las condiciones de vida de los mexicanos; solo le importó y le sigue importando el poder por el poder.

Por lo pronto, el de López Obrador ya es el peor Gobierno de la historia y el suyo avanza, a pasos agigantados, a ser el sexenio de los muertos; el verdadero desfile de muertos, ante el silencio y la complicidad de 30 millones de fanáticos que, ciegos y sordos, siguen defendiendo a López Obrador.

Al tiempo.
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