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Dan T
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19 Marzo 2019 04:00:00
Del plato a Dos Bocas
El otro día iba el amado líder, cabecita de algodón, mirada de águila republicana caminando por las veredas de su rancho (o sea, se había ido a “La Chingada”). Iba serio, pensativo, tratando de encontrarle solución a los muchos problemas del país que le heredaron los 40 años de neoliberalismo, los 70 años del PRI y sus 12 años de campañas de odio. De pronto, el venerado Andrés Manuel se encontró con una lámpara mágica y en lugar de frotarla para que saliera el genio, se la dio a Marcelo Ebrard, quien sí entiende de estas cosas y él fue quien la frotó. En efecto, se apareció el genio y le dijo al supremo López Obrador:

–Por haberme liberado, te concedería tres deseos. Pero como no frotaste tú la lámpara y estamos en época de austeridad, te concederé sólo uno.

–Quiero que me construyas la refinería de Dos Bocas en menos de seis meses. Me urge que empecemos a refinar nuestra propia gasolina para no importar.

–¡Uy, no! Esa refinería no va a servir para nada. Es un gasto absurdo. Para empezar, actualmente ya no es negocio refinar petroquímicos, te conviene más y sale más barato rentar una refinería abandonada en Texas, por ejemplo, que construir una nueva. O puedes también vender petróleo y comprar la gasolina, de tal forma que tengas una ganancia considerable, en lugar de que se te vaya por el caño todo el dinero de los mexicanos. Si hago la refinería de Dos Bocas, además, voy a tener que destruir prácticamente toda la naturaleza a su alrededor. ¿Tienes idea de la cantidad de especies que morirán por no tener dónde vivir? Y eso no es lo peor: ¿para qué diablo invertir en una refinería carísima cuando ese dinero lo podrías usar para levantar a Pemex y poner a trabajar las otras seis refinerías que ya tienes? Es una tontería tener seis refinerías a medio gas y una nuevecita. ¿Pues quÉ no te enseñaron nunca economía? Si ese dinero lo inviertes en Pemex, los analistas y las calificadorAs seguramente te creerán que quieres rescatar a la empresa y, seguramente, te apoyarán promoviendo que más y más empresas vengan a invertir, en lugar de decirles que no lo hagan porque creen que tus decisiones económicas son una auténtica tontería. Te digo que esa refinería es imposible. No, no, no, mejor pídeme otra cosa.

–No, pues sí. A lo mejor tienes razón. Bueno, entonces en lugar de la refinería quiero que acabes para siempre con la corrupción en
México.

–A ver, pásame los planos de la refinería. ¿En qué color dices que la quieres?

Pues con la novedad de que la dichosa refinería en Dos Bocas va porque va. Su construcción será porque el amoroso cottonhead, pastor del rebaño, apóstol de la improvisación ha decidido que así sea. Le importa poco todo lo que digan los que sí saben de economía y de petroquímica, y la va a construir.

Y, además, en Tabasco, su tierra natal, para que no queden dudas de quién manda aquí. De verdad lo siento por las novias y esposas de los hijos de Andrés Manuel, porque ¿te imaginas tenerlo como suegro? ¿Te imaginas aguantarlo en la cena de Navidad contando oootra vez que ganó la presidencia con 30 millones de votos y enseñándote que las escaleras se barren de arriba para abajo aunque nunca haya agarrado una escoba? Yo entiendo que la terquedad fue la que le permitió a Andrés Manuel mantenerse firme por 18 años hasta cumplir su objetivo de llegar a la Presidencia. Pero hay una línea muy delgada entre terquedad y necedad. Y la refinería en Dos Bocas se va a construir porque el Presidente padece sordera testicular, un mal en el que la persona oye perfectamente, pero por sus huevos no oye lo que le dice la gente.

¡Nos vemos el jueves!

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