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Cholyn Garza
Cholyn Garza
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Cholyn Garza nació en Veracruz. Radica en Piedras Negras, Coahuila desde 1961. Es licenciada en Desarrollo Humano y Diplomada en Derechos Humanos. Se inició profesionalmente en el periodismo en 1995 en el Periódico Zócalo de Piedras Negras. Le preocupa la problemática social y le apasionan los temás políticos.

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08 Junio 2019 04:00:00
Demasiada agresividad
No entiendo realmente por qué tanta agresividad en el mundo. Ya no solo se trata de lidiar con pleitos provocados por disputas políticas, donde líderes mundiales consideran la violencia y uso de las armas como un recurso para imponerse sobre otras naciones.

La amenaza sobre la humanidad siempre ha prevalecido; disputas por un pedazo de tierra, por razones ideológicas o por lo que sea han estado presentes. Ponerse de acuerdo para alcanzar la paz se ve difícil; sin embargo, nada es imposible.

Al observar el grado de violencia en el mundo deberíamos de preocuparnos. Porque la agresividad que se está generando entre la sociedad nos afecta a todos por igual.

Antes, quizás, se veía lejana la idea de que la violencia nos alcanzara. Desafortunadamente la conducta humana ha cambiado de manera dramática que está poniendo en riesgo la convivencia en todos los sentidos: En el hogar, en las instituciones; en los centros de trabajo, en las calles.

¿Qué nos está sucediendo? ¿Por qué hay tanta animadversión?

El secuestro de Norberto Ronquillo, un joven, que al salir de su centro de estudios para dirigirse a su casa fue interceptado y secuestrado, nos alerta de la existencia de bandas criminales que operan muy cerca de nuestros jóvenes.

Norberto, un joven, próximo a graduarse y del que nada se sabía desde el momento de su secuestro a pesar de haberse pagado el rescate solicitado por sus plagiarios (hasta el momento de escribir esta colaboración se ignoraba su paradero).

¿Se debe tener consideración a individuos que dañan a la sociedad? Si existen la criminalidad es por una sencilla razón: Hay impunidad a quienes cometen toda clase de delitos.

Individuos que ponen precio a la vida de un semejante, destruyen hogares, patrimonios y lo que es peor, la vida de las víctimas no vuelve a ser la misma.

Demasiada agresividad y violencia en las redes sociales, donde si alguien no está de acuerdo en lo que algún comunicador o persona opina, lanzan una serie de barbaridades, insultos, groserías. Grupos de individuos que se escudan en el anonimato humillan, exponen y critican una actuación u opinión.

Muestran el grado de intolerancia, pero más aún, hay quien muestra su verdadero rostro: El de la ignorancia y servilismo.

Me impresionó la actitud de un taxista que fue grabado y expuesto en los medios. Por un incidente menor, de tránsito, al parecer un golpe que diera con su carro un ciudadano al taxi, el taxista se bajó del vehículo con un bate que traía como arma empezando a golpear el carro hasta destruir el vidrio.

¡Cuánta saña, agresividad, coraje, en una sola persona! Difícil manejar en ciudades grandes y más en la ciudad de México, donde todos quieren llegar a su destino y no saben qué pueda ocurrir en el trayecto. Qué impresión tan desagradable observar a un individuo como el taxista, que tal vez no tenía seguro de protección a su carro y descargó su frustración y coraje en un conductor que tuvo la mala suerte de sufrir un desafortunado accidente.

Toparse con marchas, plantones, es parte de la vida cotidiana que tienen que enfrentar los ciudadanos. Sumando por supuesto el mal humor de conductores que de ninguna manera se pueden acostumbrar a ese desorden.

Al ver el video, y la cantidad de vehículos avanzando lentamente por el exceso de tráfico, es comprensible que haya accidentes porque la misma cantidad de carros impide la fluidez. Obviamente todos quieren avanzar; hay zonas que el mismo tráfico hace difícil lograr el objetivo.

El taxista, después de su violenta acción en contra del conductor de otro vehículo, en cuanto pudo se fue del lugar. ¿Cuántos casos como éste habrá? Sin duda no pocos.

Estamos viviendo momentos difíciles donde las palabras se van extinguiendo para dar paso a acciones violentas. Dios nos libre de encontrarnos con verdaderos energúmenos; individuos que un incidente lo quieren resolver a golpes sin tomar en consideración un arreglo, un acuerdo, al menos ver quién es responsable.

No hemos aprendido o quizás ya olvidamos a utilizar las palabras como un medio para comunicarnos. Por un lado, están los insultos cobardes de quienes utilizan las redes sociales como un medio de expresión o frustración; por otro, están las armas, la criminalidad que actúa destruyendo vidas, familias y patrimonios. Como si fuera poco, en la calle, al salir de casa, no sabemos con qué loco nos vamos a topar.

El respeto se ha ido perdiendo para dar paso a la violencia, en ocasiones extrema, donde el individuo que atenta contra la vida de un semejante, no se detiene ante nada. Impone “su” ley, porque para él, es la única que cuenta: La de la agresividad.

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