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Columnista Político

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13 Marzo 2011 04:10:27
Descobija aliado a Calderón
Aún no empezaba su mandato y el presidente Felipe Calderón tenía a cuestas la desconfianza del Gobierno de Estados Unidos, quien, a través del entonces embajador en México, Tony Garza, lo describió como “en la mayor situación de debilidad política posible” de acuerdo con un cable confidencial del 1 de septiembre de 2006.

En ese tiempo, una de las alternativas de solución por parte de Washington era enviarle una señal enérgica de apoyo para que impusiera su agenda, y una vez declarado vencedor por el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, un equipo a cargo del embajador participaría en el equipo de transición y desarrollar efectivamente los temas de interés del vecino país.

Ese momento fue clave para marcar la dependencia del gobierno de Calderón al de Estados Unidos.

De acuerdo con los reportes que la Embajada estadounidense, difundidos por WikiLeaks, cuya copia está en poder de Zócalo, Washington observa a un Felipe Calderón confundido sobre el futuro del país luego de las elecciones federales de julio de ese año y reconoce que el PRI va en ascenso y cuidará sus pasos rumbo a las elecciones presidenciales de 2012.

En diciembre de 2009, Estados Unidos se dijo preocupado por el perfil de Calderón y pide reportes sobre el impacto de la personalidad y capacidad de gobernar del Mandatario mexicano.

Para efectos de lo anterior, fueron enviadas a la Embajada de EU en México una serie de preguntas a las que los agentes de Inteligencia del vecino país debían responder.

¿Cómo reacciona el presidente Calderón a puntos de vista distintos de los propios? ¿Es un hombre de ideas o un microadministrador? ¿Qué planes tiene Calderón para lo que le resta de su administración en términos de seguridad, economía, PAN, relación con el PRI?

El análisis contempla también la descripción de las actitudes y capacidades de los miembros del gabinete, en particular las de los secretarios de las áreas de seguridad y economía.

Ahora se sabe que Calderón resultó descobijado por el mismo aliado que lo ayudó en su intento por afianzarse al frente del Gobierno federal.


PRIMERA LLAMADA… PRIMERA… La designación de Arturo Chávez como titular de la Procuraduría General de la República, en septiembre de 2009, ha sido uno de los temas que más ha llamado la atención de Estados Unidos.

Chávez llegó al cargo en medio de intensos cuestionamientos por haber atendido con deficiencia el tema de las “muertas” en Ciudad Juárez, cuando se desempeñaba como procurador de Justicia de Chihuahua.

Un cable de WikiLeaks destaca que lo único loable de Chávez es su condición de tecnócrata y haber sido leal como legislador a las instrucciones del extinto Carlos Abascal Carranza, quizá el más fiel representante de la derecha profunda en el régimen panista.

SEGUNDA LLAMADA… SEGUNDA… En 2006, el doble discurso del entonces candidato del PAN a la Presidencia de la República, Felipe Calderón, quedó de manifiesto en una reunión sostenida con el entonces embajador de Estados Unidos en nuestro país, Anthony Garza, a quien le aclaró que haría comentarios en contra del muro fronterizo porque no podía permitirse perder un solo voto frente a Andrés Manuel López Obrador, candidato del PRD.

No obstante la aclaración, el funcionario norteamericano dijo que aunque rechazara el muro y fuera políticamente correcto, lo que había que resolver de origen eran los problemas que acarrea la migración.

TERCERA LLAMADA… PRINCIPIAMOS… En el marco de la visita de Barack Obama a México en septiembre de 2009, la Embajada de aquel país sugirió al Mandatario estadounidense que cuestionara a Calderón por las violaciones a los derechos humanos por parte de los militares.

Lo anterior en respuesta a una supuesta intención de Calderón de presionar para que se agilizara la entrega de recursos de la Iniciativa Mérida y de que autoridades norteamericanas frenaran el paso a México de armas de asalto.

Antes de la reunión, el embajador de Estados Unidos en el noreste del país, cuyas oficinas se ubican en Monterrey, Bruce Williamson sostenía que la presencia militar no era una panacea para Nuevo León.

A esta conclusión llegó el diplomático luego de sostener previamente una serie de conversaciones por separado con el comandante de la Cuarta Zona Militar, general Guillermo Moreno Serrano (relevado del cargo en 2010).

El alto mando militar explicó que si bien el Ejército tiene capacidad para “desarrollar inteligencia y montar operativos basados en esta información, no tiene los recursos para sustituir a las instituciones policiacas, no importa qué tan corruptas estén”.

En el cable se destaca la pregunta que se formula el estadounidense: “El dilema de la ciudadanía: ante una amenaza, ¿a quién recurrir en busca de protección? (…) Si las policías no son confiables y el Ejército no tiene recursos suficientes, ¿qué queda?”.

Mientras por un lado el presidente Calderón intentaba dejar claro que el Ejército era quien actuaría en contra del narco, los ataques a esta agrupación eran constantes.

A pesar de que en el texto se asegura que en México no residen ni operan integrantes de las redes terroristas internacionales, idea que repetiría el embajador Carlos Pascual en un despacho de enero de 2010, uno de los cables revelan que “Estados Unidos desplegó dos equipos en la frontera sur de México para llevar a cabo evaluaciones” y proyecta que “la frontera con Guatemala y Belice sigue siendo muy porosa y plantea una vulnerabilidad en la medida en que puede servir de potencial punto de tránsito para el terrorismo”.

Todo lo anterior evidencia lo que para millones de mexicanos es un hecho: Calderón recurrió a combatir al crimen organizado consciente de que ni siquiera el Ejército Mexicano estaba preparado para responder a las necesidades de seguridad de la población.

El Mandatario estaba urgido de credibilidad y necesitaba un golpe contundente para enviar un mensaje al pueblo de México y a su socio, Estados Unidos, de que tenía las suficientes cualidades para gobernar un país en convulsión política.

Sin embargo, se debe mencionar que ni siquiera el entreguismo, que desde su campaña presidencial mostró Calderón, sirvió para conseguir que Estados Unidos respaldara por completo sus decisiones.

“Soy fan de Felipe Calderón”, soltó la secretaria de Estado en Washington, Hilary Clinton durante una gira que hizo a México, pero ahora se sabe que su admiración hacia el Mandatario mexicano era superficial y formaba parte solamente de un discurso coyuntural, pues en realidad Estados Unidos ahora sabe que el hecho de haber respaldado la candidatura de Calderón no le ha garantizado condiciones claras para defender sus intereses, como el combate al terrorismo.
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