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Gerardo Hernández
Gerardo Hernández
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30 Octubre 2020 04:00:00
Desobediencia
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La idea de que las elecciones del 18 de octubre dispararon la Covid-19 en el estado empieza a adquirir carta de naturalidad. La especie circula de boca en boca y en las redes sociales, lo cual obliga a abordar el tema. El argumento de los partidos derrotados para aplazar los comicios era justamente ese, no exponer a la población a una nueva oleada de contagios y de muertes. Sin negar una auténtica preocupación por la salud de los votantes y de sus familias, tras la demanda de las oposiciones subyacía otro interés: evitar el zapato en las urnas.

En la columna «Castillos en el aire» (09-10.20) fallé en mi pronóstico de una 62 Legislatura «plural, sin una mayoría clara». Advertí, sin embargo, que el resultado dependería de lo que más peso tuviera en las casillas: «el desgaste del Gobernador y del presidente López Obrador o la eficacia de los programas sociales de la Cuarta Transformación coordinados por el superdelegado Reyes Flores Hurtado», cuyo futuro parece estar en el Senado. En cualquier caso, advertí, también «se sabrá si la decisión de celebrar las votaciones en medio de la pandemia fue sensata». En algunos sectores, la opinión es que no.

Diferir los comicios para el 6 de junio próximo -cuando en Coahuila se elegirán alcaldes y diputados federales— hubiera inmunizado al PAN y a Morena contra el carro lleno del PRI, el cual, insisto, se ha magnificado. Sin embargo, en un proceso tan desairado en el cual participaron solo cuatro de seis coahuilenses inscritos en la lista de electores, difícilmente el repunte de casos de coronavirus pudo haber procedido de las urnas, pero quizá en algo contribuyó el acarreo de votantes. Después de las elecciones aumentó el número de funcionarios contagiados.

La Covid-19 acapara los reflectores en el mundo y relega las agendas políticas a un segundo o tercer plano. Alemania, Francia, España, Reino Unido y otros países han vuelto a restringir actividades sociales (fiestas de todo tipo) y económicas (cierre de bares, restaurantes, centros comerciales y gimnasios) y a endurecer las medidas de control (confinamientos y toques de queda) ante la gravedad de los nuevos rebrotes. Lo peor podría estar por venir, advierte la Organización Mundial de la Salud (OMS).

El aumento de fallecimientos por Covid-19 en Europa -de casi 40% en la última semana- es «intenso y alarmante», dice la OMS. Sobre esta segunda oleada -«más mortífera y más dura»-, el presidente francés Emmanuel Macron alerta: «El virus circula a una velocidad que incluso las previsiones más pesimistas no anticipaban» (NIUS, 29.10.20). El fastidio por las restricciones impuestas es inteligible, pero la desobediencia resulta irresponsable, pues expone a quienes sí las acatan a infecciones y más muertes.

A escala local, ¿de qué sirven los filtros diurnos para vigilar que los automovilistas usen cubrebocas si por las noches en los bares del Parque Centro se violan flagrantemente todas las medidas de seguridad sanitaria? ¿Dónde está el Gobierno? Cito esa zona de privilegios, pues el poder económico y la influencia política de la mayoría de sus propietarios les brinda impunidad aun cuando ponen en riesgo la salud y la vida no solo de sus clientes, empleados, amigos y familiares, sino también de gente ajena a su círculo. Si en Coahuila el semáforo epidemiológico cambia a rojo en los próximos días, serán señaladas las autoridades, no quienes lo provocaron.
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