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Macario Schettino
Macario Schettino
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Doctor en Administración, candidato a doctor en Historia. Es profesor en la división de Humanidades y Ciencias Sociales del Tecnológico de Monterrey. Ha publicado 15 libros, el más reciente: "Cien años de Confusión. México en el siglo XX", con Taurus. Su columna consiste en análisis sencillos de fenómenos económicos y financieros.

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13 Agosto 2009 03:04:56
Destino
No hay mal que dure 100 años, dice el refrán, pero tampoco hay bien que lo logre. Durante 30 años pudimos vivir del petróleo, pero eso se ha terminado

En 2010 la producción de petróleo de México será un millón de barriles diarios (mbd) menor a la de 2006, o a la del promedio 2000-2006, que es igual. En lugar de producir 3.2 mbd, produciremos 2.2. Pero como consumimos cosa de millón y medio, las exportaciones caerán brutalmente, de 1.7 a 0.7 mbd.

En ese mismo lapso, las importaciones de gasolina pasaron de 120 a 320 mil barriles diarios. Para el próximo año, lo que exportemos de crudo nos permitirá pagar la gasolina importada, y quedará un poco, pero muy poco. Cuatro mil millones de dólares, comparados con los 15 mil que obtuvimos en promedio entre 2000 y 2006, o los más de 22 mil millones cada año entre 2006 y 2008.

Pero todo esto ya lo sabe usted, y también que ésa es la razón por la cual el secretario de Hacienda dijo el martes que tenemos un boquete histórico en el presupuesto. Este año nos faltaron 480 mil millones de pesos, y para el próximo faltan 300 mil. Una parte del faltante de este año es la caída de la economía, mucho mayor que la pronosticada por Hacienda, que implica una reducción en la recaudación, pero otra parte es la falla común en el pronóstico de producción de Pemex. Dijeron que no iba a caer la producción, y sí cayó. Y caerá para el próximo año, y para los próximos 10. Para 2015, cuando la famosa refinería entre en funcionamiento, no tendremos siquiera petróleo para alimentarla.

Bueno, frente a este problema no queda más que reconocer que México debió hacer una reforma fiscal a fines de los años 60 y que no la hicimos por irresponsables. Primero porque la deuda le permitió a Echeverría y López Portillo posponer la decisión, y después porque el petróleo nos permitió fingir demencia. El daño causado a México por la irresponsabilidad de los dos gobiernos mencionados, y los cinco siguientes es, ése sí, histórico.

Pero eso es pasado, y lo peor que podríamos hacer es tratar de revivirlo, endeudando de nuevo al país o confiando en la recuperación de la plataforma petrolera. Lo que hay que asumir es que necesitamos financiar nosotros mismos el país que queremos construir. No hay de otra. Por eso la propuesta que le hice en estas páginas en los últimos días, una combinación de ingreso mínimo y cobertura universal de salud y seguridad social financiado con un IVA parejo de 18%. Pero esa propuesta no está dirigida a resolver el boquete del que habla el secretario, sino que se trata del piso social necesariamente previo a la reforma recaudatoria, que en este momento le presento.

La segunda parte de la propuesta, que será menos atractiva para muchos, consiste en corregir el impuesto sobre la renta. Por un lado, se trata de desplazar la curva que tiene la tasa de impuesto que hoy va de 2 a 28% para que la tasa máxima se eleve a 35%. No hay nada que ocultar, se trata de un alza de impuestos, pero manteniendo en lo posible la progresividad actual. Sin embargo, este incremento en impuestos debe acompañarse de la derogación del subsidio al empleo que hoy tenemos y que cuesta cosa de 40 mil millones de pesos anuales, sin que tengamos una idea muy clara de sus beneficios. Tengo la impresión de que se trata de un subsidio a las empresas que no tiene ningún sentido económico. Esta corrección del impuesto con la eliminación del subsidio mencionado permitiría un incremento en recaudación de 125 mil millones de pesos anuales. Este incremento al impuesto para las personas físicas también se aplica a las personas morales, es decir a las empresas. Para que funcione, debe ir acompañado de un incremento proporcional en el IETU, que es el mecanismo que el gobierno implementó para cerrar los inmensos huecos que tiene el ISR. Las empresas aportarían un incremento similar al mencionado para las personas físicas.

Finalmente, es necesario que el gobierno deje de subsidiar a lo tarugo: ni el agua, ni la electricidad ni mucho menos la gasolina deben tener subsidios. Lo único que logra una política de subsidios en estos bienes es promover el desperdicio, con un daño ambiental inmenso. Y además nos cuesta.

El metro cúbico de agua debe costar 10 pesos, porque eso cuesta; la gasolina debe venderla Pemex al menos 2% por encima del precio promedio al que la compra (sea propia o importada); y la electricidad debe venderse al precio que corresponda, sin subsidio alguno. El único caso en que me parece que puede justificarse un subsidio es a la electricidad en los estados más calurosos durante el verano, pero éste podría financiarse con una sobretarifa en el resto del año, y para todos los consumidores.

Las propuestas que le presento aquí tienen como objetivo que el Estado tenga recursos mínimos para financiarse, pero al mismo tiempo rompen la estructura clientelar y corporativa que está en el origen de nuestros problemas. En consecuencia, me imagino que será inaceptable para muchas personas que no pueden romper sus cadenas mentales. Será cosa de que esas personas tengan propuestas alternas viables, algo que me parece imposible de lograr, pero que espero a ver.

Las propuestas comentadas, debido al gran cambio que significan, no podrían implementarse de golpe, ni en un año. Se requeriría un periodo de ajuste de al menos cinco años para que funcionaran por completo. Si un paquete como éste se aprobara, y hubiese un compromiso convincente de que se alcanzará en cinco años, México podría endeudarse para cerrar sus cuentas en ese período sin poner en riesgo ni el grado de inversión ni la capacidad de pago. Pero el compromiso debe ser convincente.

También esto es posible. Un cambio de esta envergadura requiere un acuerdo de las fuerzas políticas que puede plasmarse en la Constitución, lo que implicaría que cambiar esto en el futuro exigiría un nuevo acuerdo de todos. Para eso son las crisis históricas, para tomar decisiones históricas. Claro, para los presidentes y Congresos que entienden lo que es eso.

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