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Alejandro Irigoyen Ponce
Alejandro Irigoyen Ponce
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05 Abril 2019 04:06:00
Deterioro social
Comparto una reflexión: ya no deberíamos solo preocuparnos sino empezar a ocuparnos, cada quien en la medida de sus posibilidades y el compromiso que sea capaz de asumir respecto a su entorno y con el futuro cercano que empieza a dibujarse.

Ya no le demos vueltas: estamos perdiendo a la ciudad y nos toca a los ciudadanos hacer algo al respecto, ya que las autoridades están inmersas en una burbuja político-electorera, en la mera administración de los problemas y en la insaciable búsqueda de estrellitas qué presumir para sus fines personales y de grupo, aunque lo que presumen no pasa la prueba del ácido, que en este caso es la realidad.

Habría que revisar con ojo crítico el entorno. Sí, ya no tenemos tantos crímenes de alto impacto como hace algunos años, pero los robos, asaltos, homicidios y agresiones sexuales siguen ahí, salpicando el paisaje urbano.

Debemos sumar un entorno socioeconómico, cultural y hasta de expectativas de vida muy hostil, y por su expresión extrema recordaría que ya son 25 suicidios en la región en lo que va del año.

A esto debemos sumar, y solo como ejemplo, que la Zona Centro, especialmente las inmediaciones de la Alameda, son verdadera tierra de nadie cuando cae la noche, con el añadido de que estudiantes de al menos tres secundarias han decidido convertirla en su propio club de la pelea, un día sí y otro también.

¿Y qué me dice de las calles por las noches, con tanto ebrio al volante?...

¿Sabía usted que en 10 colonias en los sectores poniente y sur de la ciudad centenares de mujeres y niños viven cotidianamente un infierno. Sí, 10 colonias concentran las denuncias por violencia

intrafamiliar.

Y para cerrar el círculo, le preguntaría ¿ha platicado últimamente con algún grupo de jóvenes?, ¿cómo verbalizan?, ¿cómo expresan sus ideas?, ¿cómo se ven dentro de 10, 15 años? Seguramente le provocaría pesadillas.

Estamos hablando del futuro de la ciudad y pese a que cursan preparatoria o incluso universidad, la mayoría exhibe nula vocación a la cultura, a la lectura y menos aún, solidaridad y empatía, pero eso sí, una altísima tolerancia a actos de crueldad, propios y ajenos.

Y por favor recuerde que el deterioro social tarde o temprano nos afecta a todos. Creo que Saltillo avanza y muy rápido por un sendero en el que va a necesitar una purga, limpiar sus entrañas de tanta indolencia ante este iceberg que ya muestra su punta.

¿No valdría la pena empezar a hacer algo al respecto? Qué le parece empezar por reconocer que la frase “me vale madre” es veneno puro.
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