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Germán Martínez Cázares
Germán Martínez Cázares
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12 Mayo 2009 03:38:16
Detrás del cubreboca
No hay información precisa sobre el origen del virus de la nueva influenza, pero al manifestarse en México antes que en otro sitio, la epidemia que el mundo esperaba se mostró como un desafío para diversos actores e instituciones. Durante las semanas pasadas, al tiempo que el cubreboca se volvía una prenda de uso diario, paradójicamente fue descubierto el verdadero rostro de quienes enfrentaban una responsabilidad ante la emergencia:

La Organización Mundial de la Salud, encabezada por la doctora Margaret Chan, quien acumula en su vasta experiencia el manejo del brote de la gripe aviar en 1997 y del SARS en 2003, y como secretaria de Salud de Hong Kong supo orientar al mundo respecto de las medidas de alerta, prevención y tratamiento que los países debían dar a esta nueva enfermedad.

El gobierno mexicano no vaciló y desde el primer momento mostró capacidad para enfrentar la crisis. Al igual que supo ser autoridad para convencer a los ciudadanos de acatar medidas preventivas sin precedente en nuestra historia, logró también un manejo oportuno, veraz y transparente de la información que fue la plataforma para el diagnóstico y la toma de decisiones sobre la emergencia en el territorio nacional y en el mundo entero.

El gobierno que encabeza Felipe Calderón ha estado, desde la aparición de la epidemia, consciente de que las estrictas medidas instrumentadas para contenerla conllevan costos en diversos rubros, pues afectan el desarrollo normal de la vida pública. Sin embargo, sin titubeos ni simulaciones, hizo lo que tenía que hacer, al punto de que hoy ese desempeño le ha valido al país el reconocimiento internacional, ya que favoreció una mejor prevención a nivel global.

Ante esto, no sorprende que algunos opositores comiencen a mostrar síntomas de ese padecimiento que, como si fuera una alergia, les aqueja e incomoda cada vez que las políticas públicas y la acción de gobierno de Felipe Calderón son acertadas. Ellos invierten en la descalificación permanente y, ante situaciones críticas como ésta, perciben como amenaza el aprecio que la sociedad tiene hacia un gobierno que sí da la cara.

Peor aún en tiempos electorales, porque la apuesta de algunos era por el descrédito del gobierno del PAN, y ahora se han visto forzados a manipular la realidad para que la gente no recuerde o no haga comparaciones con el fallido manejo que ellos hicieron de otras crisis, durante su paso por las responsabilidades públicas.

Los efectos de la irrupción de este nuevo virus en la economía y en la convivencia social habrán de atenderse con responsabilidad y con la misma seriedad con la que se enfrentó la emergencia, y no podrán ser, aunque otros así lo quisieran, motivo de desprestigio para un gobierno responsable.

El Gobierno del Distrito Federal, más allá de las diferencias políticas, también entendió oportunamente la dimensión de su responsabilidad en el manejo de esta crisis de salud pública en una de las ciudades más grandes y conflictivas del mundo, donde la aglomeración de personas por sí misma multiplica el tamaño del riesgo ante los efectos de un eventual contagio fuera de control.

En la entidad vecina, el episodio dejó otro balance. El gobernador Peña Nieto, siempre dispuesto para los fotógrafos y, sobre todo, para las cámaras de televisión, disminuyó su legendaria —como él dice— presencia pública a la mínima expresión durante los días de mayor incertidumbre ciudadana ante la epidemia.

Ninguno de sus costosos anuncios dio cuenta del tamaño del problema en el estado de México y las medidas preventivas que emprendió se definieron por eludir los costos que en otros lugares del país sí se han asumido.

Lo más destacado de la acción del gobernador mexiquense frente a la emergencia fue la obcecada defensa de su corbata, no se sabe si por apoyar a los productores de dicha prenda o porque sus asesores de imagen le advirtieron que ello le restaría puntaje en alguna encuesta bajo el singular argumento de que una buena apariencia alcanzaría para combatir al desconocido virus.

Pero la contingencia aún no termina. Si bien se ha superado una etapa difícil, no podemos bajar la guardia frente a un posible rebote. Más allá de vanidades y colores, sería deseable fortalecer la colaboración entre los gobiernos y encontrar soluciones encaminadas a garantizar la salud de las familias mexicanas y a superar los efectos colaterales que trajo la epidemia.

Presidente nacional del PAN
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