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Juan Latapí
Juan Latapí
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08 Marzo 2020 03:10:00
Días de lucha
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Hoy, como nunca antes, las mujeres de México -incluyendo Monclova- saldrán a marchar para exigir un hasta aquí a la violencia a las que son expuestas y al horror de los feminicidios, pero también para decir basta a su explotación, al acoso, a los abusos y la discriminación a que son sometidas todos los días por una sociedad machista, misógina, que se niega a ser justa y en la que reina la impunidad, porque ser mujer en estos días es todo un riesgo.

Y si han decidido ausentarse el día de mañana es para hacer sentir la importancia y valor que su participación tiene en todas las actividades, sin embargo resulta infame que el paro de mañana sea desdeñado por las autoridades de todos los niveles, que sea utilizado por los oportunistas -que ahora se disfrazan de feministas- tan solo por llevar agua a su molino y pararse el cuello. Es ofensivo también que haya autoridades pretendan neutralizar el paro mediante diferentes acciones como la decisión de suspender clases, como aquí en Coahuila.

Resulta ofensivo que varias instituciones y empresas “den permiso” para que las mujeres se ausenten mañana a sus labores y actividades para sumarse al paro nacional “¡El nueve ninguna se mueve!”. Pero lo que realmente es patético es que esos “permisos” los otorguen empresas en las que el acoso sexual es una práctica constante, que los abusos sexuales son comunes, donde las mujeres son tratadas como objetos, que las asistentes de ciertos directivos -verdaderos depredadores- deben ser bellas y esculturales y quienes no cumplen con estas características son marginadas y discriminadas, empresas en las que los altos cargos ejecutivos -y obviamente sus ingresos- son para los hombres y no para las mujeres. Desafortunadamente abundan los ejemplos, incluyendo Monclova.

El sistema en que vivimos no tolera ni acepta la igualdad entre hombres y mujeres, por el contrario, permanentemente las discrimina como ha sucedido a lo largo de la historia de la civilización, llena de prejuicios religiosos, morales y sociales que las han mantenido relegadas injustamente, sometiéndolas al hombre y destinándolas a una situación de inferioridad.

La misoginia -odio o desprecio a la mujer- es un término mucho más común que su antónimo misandria -odio o desprecio al varón- porque el machismo y el desprecio a la mujer siempre han existido. Basta observar algunas palabras que en genero femenino son descaradamente ofensivas, tales como zorra, perra, aventurera, cualquiera, callejera, etc. También el injusto desprecio está presente en las expresiones de grandes personajes de la historia, por ejemplo: “El marido tiene derecho de matar a su mujer. Cuando una mujer se quede viuda debe cometer suicidio como prueba de castidad”: Confucio, sabio chino. “Hay dos tipos de mujeres: diosas y porteras”: Pablo Picasso, pintor. “Las mujeres no son otra cosa que máquinas para producir hijos”: Napoleón Bonaparte, emperador francés. “La mujer es un animal de cabellos largos e ideas cortas”: Arthur Schopenhauer, filósofo alemán. “La mujer es una gran pecadora y la responsable de que hayamos sido expulsados del Paraíso; su única posibilidad para disminuir su culpa es la subordinación.”: José María Escrivá, fundador del Opus Dei. “Yo no tengo malos días; no soy ninguna mujer”: Vladimir Putin. “Si eres famoso puedes coger a las mujeres por la vagina”: Donald Trump. Y en México la misoginia también está presente en las expresiones del expresidente Fox y sus “lavadoras de dos patas”; Hank Ronn y “mi animal favorito, la mujer”, o Peña Nieto y “no soy la señora de la casa”.

Para darse cuenta de esta misoginia basta leer el libro “La mujer crucificada” que nos exhibe como una cultura machista y profundamente injusta. Puede leerse en en http://www.facebook.com/pages/La-mujer-crucificada/206724672690550
La batalla que hoy continúan las mujeres no es nada fácil, es luchar contra la historia y las costumbres a todas luces injustas, pero el hecho que se hagan escuchar con su “hasta aquí” es una batalla ganada desde el momento que ocupa toda la atención de la sociedad. Sin embargo, aún faltan muchos días de lucha para liberarse de esos días infernales y, que a final de cuentas, debe ser una lucha de todos contra la injusticia.
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