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Guillermo Robles Ramírez
Guillermo Robles Ramírez
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Licenciado en Comunicación en la Universidad Iberoamericana Plantel Laguna, Posgrado el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey Campus Monterrey, Director General de la Agencia de Noticias SIP, Premio Estatal de Periodismo en el 2011 y 2013 en la categoría Columna de Opinión, reconocimiento de labor periodística de la Unión de Periodistas del Estado de Coahuila, Presea Trayectoria "Antonio Estrada Salazar" 2018

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28 Febrero 2019 03:55:00
Discusiones Políticas
Con gran pesar, ya no me escribo con uno de mis amigos más inteligentes. ¿La razón? Puso su privilegiada mente al servicio de una ideología-apellidos-partidos-causas: no hay una sola palabra pronunciada (o callada) por él, que no responda a esos prejuicios a favor de su ideología-apellidos-partidos-causas, o en contra de la ideología-apellidos-partidos-causas opuestos. Usa su poderoso cerebro no para buscar la verdad, sino para reforzar su ideología-apellidos-partidos-causas y/o denigrar-minar-denostar la ideología-apellidos-partidos-causas contrarios. En este intercambio (que él ve como lucha) la razón ya no cuenta; sólo el “ganar”. A pesar de su poderosa mente, ese amigo llega al extremo de negar los hechos más evidentes y “justificar” lo más injustificable, si considera que eso contribuye a reafirmar su ideología-apellidos-partidos-causas o a ridiculizar-escarnecer-desacreditar la ideología-apellidos-partidos-causas contrarios. Y así no se puede platicar. Bueno, yo no puedo. O más bien, no le veo el caso. Por eso prefiero retirarme y quedarme cada vez más solo. Ni modo. Este texto de don Francisco J. Lastra me lo aclara (y a pesar de su rusticidad me quita toda esperanza de subsanar el problema) https://www.eldefinido.cl/actualidad/mundo/5404/Por-que-nos-enojamos-al-hablar-sobre-politica-Aqui-la-respuesta-de-la-ciencia/.

“¿Por qué nos enojamos cuando hablamos de política? Aquí la respuesta de la ciencia. Recientes estudios de prominentes profesionales de las ciencias sociales comprueban y explican por qué las discusiones políticas pueden llegar a ser tan volátiles como un choque entre pandillas. ¿El culpable? Un ‘sistema de detección de alianzas’ que desarrollamos hace miles de años.

El pavo se enfrió, las papas se humedecieron y la cerveza perdió todo su gas. Los vestigios de otra cena de Navidad arruinada. El culpable esta vez no fue el tío borracho. No, el culpable ni siquiera es de carne y hueso. Es la famosa e ineludible discusión política. Una discusión política, como cualquier otro tipo de conversación entre personas, se puede llevar de forma civilizada y constructiva. Pero cuando se habla de partidos e ideologías es especialmente difícil. Hasta nuestros muy educados políticos (?) de vez en cuando se agarran a combos (sudamericanismo por puñetazos), explicado por Vargas Llosa: ‘la política saca a flote lo peor del ser humano’.

¿Por qué sucede esto? Se podría explicar de forma obvia, argumentado que se trata simplemente de una situación más donde no hay entendimiento y las personas son incapaces de ponerse de acuerdo en no estar de acuerdo. Pero explicarlo así sería una afrenta contra la civilización y el intelecto humano. En las intrincadas aguas de la mente humana, las razones de por qué es tan difícil tener una discusión política civilizada se tornan más complejas, y se explican por una enraizada conducta del ser humano que data de hace miles de años: la formación de alianzas y cómo las percibimos.

Nosotros

contra ellos

Hace miles de años, cuando nos matábamos continuamente por comida y territorio, la formación de alianzas era una forma de sobrevivir. Si vivíamos entre personas de nuestra tribu podíamos estar seguros, mientras que la aparición de personas externas era señal de alarma. ¿Cómo diferenciarlos a ellos de nosotros?, se comenzaron a preguntar nuestros ancestros. A partir de esta necesidad, el cerebro humano desarrolló un ‘sistema de detección de alianzas’, término acuñado recientemente por psicólogos, a través del cual ‘percibimos quién está aliado con quién y tratamos de predecir quién probablemente está aliado con quién antes de la interacción’, dice un estudio de la Universidad de Harvard. El beneficio de saber de antemano a qué tribu pertenecía un extraño era importante para prepararse antes de interactuar con él.

¿Cómo podíamos intuir una alianza? Primero observábamos sus patrones de coordinación, cooperación y competición. Esto significaba que si veíamos a dos personas cazando juntos un tigre dientes de sable, percibíamos que ambos compartían algo: una alianza. También ciertas señales, como la dirección de donde venía la persona, su vestimenta, maquillaje tribal y cualquier otra cosa que nos hiciera pensar: “Mmm, no ser uno de nosotros. Matar” o “Mmm, ser de los nuestros. Invitar a asado de mastodonte”.
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