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Alejandro Irigoyen Ponce
Alejandro Irigoyen Ponce
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28 Abril 2020 04:09:00
Dolorosa y criminal desigualdad
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Vivimos en un país de brutales diferencias, de desigualdades que resultan dolorosas y hasta criminales.

Con unos pocos que lo tienen todo, en exceso, y con muchos que simplemente carecen de todo.

Las desigualdades se manifiestan por igual en los terrenos económico, social, cultural, en literalmente todas las aristas de vida.

Siempre ha sido así, y más allá de la retórica gubernamental, no existen elementos objetivos de contexto que nos permitan asumir que esta realidad vaya a cambiar en el futuro cercano.

Hoy, estas desigualdades también se manifiestan en aspectos que nos llaman a la indignación, por la coyuntura: mientras miles enfrentan el hambre todos los días por la imposición de las medidas de distanciamiento que implican el cierre, por lo pronto temporal, de fuentes de empleo, de la posibilidades de ganarse el sustento diario, hay otros ciudadanos que no entienden, que ponderan la fiesta.

Sí, en plena Fase 3 de la contingencia hay quienes se reúnen en multitudinarias fiestas y convivios y en el lance nos ponen en peligro a todos por la posibilidad de propagación de contagios.

Entonces la dolorosa y criminal desigualdad se expresa también, en quienes entienden lo que vivimos y se ocupan por protegerse y acatar las medidas de distanciamiento social, con el sacrificio que ello implica, contra los que demuestran una criminal indolencia.

Qué ganas de que la estupidez fuera considerada como delito grave y que los que hoy se asumen de vacaciones y que lo único que quieren es ir de fiesta, terminen en la cárcel.

Todos ganaríamos: la sociedad sacaría de la calle a potenciales factores de contagio y ellos, los indolentes, a los que les vale, cumplirían su anhelo de estar en grupo, de socializar muy juntitos, haciendo “nuevos amigos”.


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