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Guillermo Flores
Guillermo Flores
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27 Diciembre 2012 04:00:49
Don Jacinto Faya Viesca, hombre que trasciende
Transcurría una mañana común en Saltillo, Coahuila. No pasaron muchas horas de aquel día cuando mi teléfono sonó, y mi apreciado interlocutor, un amigo-hermano si se me permite la locución, me invitaba a compartir los alimentos de esa jornada con él y una persona a la que le gustaría presentarme. Agradable fue mi sorpresa al llegar aquel restaurante del norte de la ciudad, al percatarme que compartiría los alimentos con Don Jacinto Faya Viesca.



De personalidad avasallante y de un carisma peculiar, Don Jacinto sin buscarlo  se apoderó del centro de la conversación.  Los dos acompañantes de aquella comida simplemente nos convertimos en meros espectadores, de la exposición de motivos de infinidad de temas, que nuestro fino compañero comensal, realizaba con toda comodidad y sin aspavientos.

Don Jacinto destaca por su educación, cultura, buen tratado e inteligencia, atributos que nunca se han confrontado con su sencillez, honestidad, buen amigo y ejemplo como padre de familia. Siempre ha sido muestra de propios y de extraños, su infinidad de libros y documentos publicados, así como su amena y deliciosa columna, Palabras de Poder, se han convertido en lecturas obligatorias de muchos de nosotros, sirviendo como consejero silencioso a través de sus letras.

Al respecto de lo anterior, Don Jacinto citaba el pasado 7 de diciembre en su columna al político y filósofo romano Séneca trayendo el siguiente extracto:

“Tratándose del hombre, no es pertinente saber cuántas fincas posee, con cuánto caudal negocia, cuántos le saludan, en que precioso lecho se acuesta o lo espléndida que es la copa en que bebe, sino sólo: cuán bueno sea”.

“Y es que la bondad está vinculada con el buen corazón y los buenos sentimientos”.

Don Jacinto no es reconocido por su incalculable riqueza, por sus despilfarros o banalidades simplemente es enjuiciado como una persona buena, de buen corazón y buenos sentimientos.  

Muchas personas vienen a este mundo con la simple misión de transitar caminos ya trazados por sus antecesores. Sin preocupaciones desmedidas, sencillamente abordan el carruaje de la mediocridad viviendo una vida sin sabores, donde serán recordados como simples espectadores de la vida.      

Don Jacinto optó por ser diferente, siempre ha buscado trazar sus propios caminos que servirán  de enseñanzas perpetuas para sus predecesores. Don Jacinto decidió trascender, hacer más allá de lo pensado y lo estipulado, siempre busca el cómo si, y se olvidó del cómo no.

Don Jacinto dice que existen dones y que todos los seres humanos tenemos, tan diversos los dones como los seres, pero todos tenemos dones. Él comenta que cuando una persona se dedica a explotar sus dones en alguna cuestión laboral o artística, coloquialmente decimos que es algo “que se la da”. Bajo este análisis podemos decir que a Don Jacinto simplemente “se le da eso de la trascendencia”.

A este fino comensal que conocí  ese lejano día, le debieran de sobrar los reconocimientos y homenajes, su sencillez está muy alejada de esas trivialidades. Para él existe un homenaje de vida, sus cuatro hijos, los cuales han heredado en vida los dones más hermosos de su padre. Para Don Jacinto un sincero reconocimiento por su trayectoria, vida y por los hijos que hereda a este mundo, para sus hijos, Jacinto, Alejandro, Héctor y José Antonio,  otro reconocimiento porque cada uno desde su trinchera, lucha por dejar muy en alto el legado que les enseña día con día su padre.

Gracias a ese amigo, que un buen día tuvo a bien invitarme a conocer a su padre. 












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