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Jesús González Schmal
Jesús González Schmal
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26 Julio 2008 07:33:00
Donativos políticos de Pemex
La Auditoría Superior de la Federación (ASF), órgano fiscalizador de la Cámara de Diputados, encargado de vigilar el uso correcto y honrado de los dineros que el pueblo paga con sus impuestos, encontró recientemente que los organismos públicos del gobierno federal otorgaron, en el ejercicio fiscal de 2007, donativos a particulares y a otras entidades por la suma de mil 671 millones de pesos. De éstos, 961 millones los erogó Petróleos Mexicanos (Pemex), sin sustento jurídico alguno.

La Auditoría Superior omite decir que Pemex no sólo hace donativos en efectivo, sino también en especie (diesel, gasolina, asfalto), y que en ese mismo periodo regaló otros 787 millones que, sumados a los primeros, llegan a la cantidad de mil 702 millones.

Tampoco señala la ASF que la gerente de Desarrollo Social de nuestra gran empresa, a través de quien se ejercen estos generosos donativos, es la ex diputada de Campeche Yolanda Valladares, que ingresa al cargo por recomendación de Juan Camilo Mouriño, quien decide a qué instituciones y a qué municipios se destinan los donativos.

La señora Valladares no tenía antigüedad en Pemex, no llegó por escalafón ni por recomendación sindical, ni mucho menos por servicio civil de carrera.

Ella lleva gastada, de enero a junio de este año, la cantidad de 472 millones y a Campeche le ha destinado en efectivo la suma de 63 millones. Es un secreto a voces que estos fondos están destinados a conseguir apoyos políticos y respaldo a los intereses de la familia Mouriño, en cuyas gasolineras se surten los vales.

Del resto de los donativos que a discreción entregan otras secretarías del Gobierno Federal, como bien se sabe, está la estrategia calderonista de enviar como delegados de las secretarías en los estados de la República a panistas bien entrenados para usar las asignaciones federales para propósitos electorales, y también se les dota de un margen discrecional para donativos según interese a una elección local o federal.

Es evidente aquí que los órganos de Control Interno, dependientes de la Secretaría de la Función Pública, que debieran ser los que podrían evitar este latrocinio, están coludidos con las áreas que ejercen los presupuestos.

El sistema de vigilancia está trastocado y los desfalcos y fugas de todo tipo se dan no sólo bajo el rubro “donativo”, sino a través de toda clase de asignaciones de contratos y el más escandaloso dispendio de altísimos sueldos, prestaciones y gastos de viaje y representación, que superan cualquier precedente de las épocas del unipartidismo.

En Petróleos Mexicanos se da el caso de apoyar a municipios con los que se tenga interés político para entregarles no sólo dinero en efectivo, sino el combustible para su parque vehicular, el asfalto para pavimentar calles y, ocasionalmente, hasta los pupitres para una escuela.
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