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Francisco Tobías
Francisco Tobías
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27 Agosto 2019 03:54:00
Economía social y solidaria
El concepto de economía social y solidaria, surge a mediados del siglo pasado como una solución contra la desigualdad que el sistema genera y propone unas prácticas alternativas al sistema económico actual mediante la aplicación de valores universales, como la equidad, la justicia, la fraternidad económica, la solidaridad social, el compromiso con el entorno y la democracia directa.

La Economía Social, pone en el centro de la economía, el bienestar de las personas, situando los recursos, la riqueza, la producción y el consumo como meros medios para alcanzar tal fin.

Si bien han existido prácticas de economía social a lo largo de toda la historia de la humanidad, las raíces y los orígenes del concepto de economía social tal y como lo conocemos en la actualidad se encuentran en las grandes corrientes ideológicas del siglo 19, tanto en la tradición social-cristiana como en la socialista de organización y autogestión de la clase obrera, en las que se designaban las nuevas formas de organización creadas por los trabajadores tales como cooperativas, asociaciones obreras y mutualidades de seguros, de ahorro y de crédito.

A pesar de que, en muchas ocasiones, se usen indistintamente ambos conceptos, economía social o economía solidaria, no representan lo mismo. También se usan otras denominaciones, como economía popular o comunitaria, en países como Ecuador y Brasil, de larga trayectoria en estas prácticas económicas.

Como una alternativa real, podemos considerar a la economía social y solidaria como un concepto integrador que une perspectivas de diferentes corrientes de la economía alternativa; en resumen, se pretende poner a las personas y sus condiciones de vida en el centro del análisis y vincular los trabajos con la producción socialmente necesaria, con la satisfacción de las necesidades básicas, apostando por “otra economía más justa”.

Por otra parte, la base ideológica de la economía social y solidaria, incorpora rasgos esenciales compartidos, como unos sistemas de decisión y organización democráticos, voluntad de transparencia y equidad, empoderamiento de las personas, orientación ética de la actividad, primacía de la cooperación frente a la competencia, preocupación preferente por las personas y colectivos más necesitados, respeto medio-ambiental, focalización en la generación de empleo, atención destacada al entorno local y vocación de trabajo al servicio del bien común.

En conclusión, con estas alternativas de la economía, podemos observar que cada vez existen más opciones para vivir (consumir, intercambiar, relacionarse, participar…) con criterios éticos y alternativos a lo prestablecido.

Sería recomendable, por tanto, potenciar la difusión de las ventajas que proporcionaría el fomento de la Economía Social y Solidaria. Construir y multiplicar prácticas de la Economía Solidaria en la actividad económica nos llevaría hacia un sistema económico más solidario, equitativo y sostenible.
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