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Fausto Fernández Ponte
Fausto Fernández Ponte
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Don fausto fernández ponte es poseedor de un impresionante y sólido currículum: 50 años de periodista profesional. Su opinión y columnas periodísticas son respetadas en ese ámbito, por el prestigio que a pulso se ha ganado, es considerado una autoridad en su campo. Además de corresponsal de guerra, ha entrevistado a jefes de estado y de gobierno de la talla de Lyndon B. Johnson, Richard M. Nixon, Indira Gandhi y William Clinton.

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26 Diciembre 2009 05:01:34
Ejército y peligros
‘Calderón sacó de los cuarteles a un monstruo: el Ejército’.

El aserto del diputado Uranga antójase descriptivo de la ocurrencia más grave registrada en el año feneciente. Ese monstruo –una hidra multicéfala que sólo responde, por ahora, a un amo inestable y demencial, el señor Calderón- está fuera de su cubículo desde hace tres años.

Las actuaciones de la hidra han sido de violación sistémica de los derechos humanos y las garantías individuales de los mexicanos so pretexto de una guerra contra los cárteles del narcotráfico que Estados Unidos le subrogó y endosó al poder político panista del Estado mexicano.

El monstruo es inasible a cualesquier controles constitucionales. Ninguna de las tres vertientes –Ejecutivo, Legislativo y Judicial- del poder político del Estado y, si bien el señor Calderón es su jefe, es obvio que aquél tiene vida propia y cortarle la cabeza, si así lo desea, a su propio amo.

Este amo –don Felipe— gobierna con ese monstruo, infiltrado ya por el enemigo al que combate en lo formal (los cárteles) y al que al parecer le va perdiendo confianza pues este Presidente de Facto utiliza cada vez más a la otra fuerza armada, la naval, para operaciones en tierra.

Mas no sólo eso. Gobernar con las fuerzas armadas y policiacas e incluso paramilitares es ilegal. Por añadidura, el señor Calderón no ha derogado el decreto del 25 de abril pasado por el cual le es posible allanar moradas y conculcar otras garantías individuales y derechos humanos.

Pero lo espeluznante de haber soltado al monstruo armado, además de su corruptibilidad ante los cárteles, es el móvil. Éste es político, no militar; tampoco es sustitutivo de lo policiaco –procurar justicia— sino el prevalecer en el poder y legitimar su presidencialado ilegítimo.

Otro aspecto dual del móvil político es el de intimidar a la población mediante la mera presencia de los convoyes y patrullas militares en las calles de casi todas las ciudades grandes de México y en todo el país. Simultáneamente hay desapariciones forzadas de ciudadanos y torturas. Documéntanse, asimismo, otras manifestaciones de las depredaciones cometidas por el monstruo: la intimidación es tan antigua como la antigüedad misma. En términos modernos, es una guerra de baja intensidad contra la población civil y disidentes y discrepantes organizados potenciales.

Una víctima histórica de ello es la población indígena de México –del 12 al 15 por ciento del total de habitantes-, cual se observa con aviesa espectacularidad en Chiapas, Oaxaca y Veracruz. Hasta la Cámara de Diputados misma, alarmada, se apresta a revisar el asunto de los indios zapatistas.

Ello, indudablemente, ocurre en un contexto; éste es económico. Haber soltado al monstruo no se identifica sólo como un afán justiciero, sino como un propósito estratégico de preservar el statuo quo económico, el neoliberal –antimexicano-, de dependencia de México con respecto a EU.

Por ello, al concluir el año, el sentir y el parecer de millones de mexicanos antójase influido por los hechos y sucedidos del período que aun corre y, en particular, sus causales, discernidas éstas con arreglo a percepciones que muéstranse epicenas, es decir, comunes y generalizadas.

Cierto. Esas percepciones, si bien variopintas, se traducen en un pesimismo subyacente que en nuestra peculiar idiosincrasia –determinada por la ignorancia y la superstición devenida del uso habilidoso de los medios de control social por el poder que es y está—y en falsas esperanzas.

Empero, no obstante esos imperativos idiosincrásicos aquí aludidos, los millones de mexicanos conscientes de la realidad económica, política, social e incluso cultural y sus orígenes y vectores, saben, aparentemente, que nuestra situación –la de México— es de grandes peligros.

Los peligros son, desde luego, en lo individual -¿qué mexicano está realmente seguro?— y colectivo, afectando ambos (las percepciones mismas del peligro y su actualidad concreta y fehaciente) a la psique social. Las fiestas navideñas son ocasión para el escapismo y la catarsis.

Catarsis y escapismos individuales y, ergo, societales. Pero esas conductas –que son predecibles y normales en toda sociedad humana- confirman, por su intensidad y frecuencia mismas, la presencia insoslayable de una conciencia de los peligros que se ciernen sobre nosotros.
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