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Ricardo Torres
Ricardo Torres
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04 Octubre 2019 04:05:00
El aborto en Coahuila
Después de 12 años de que el entonces Distrito Federal despenalizara el aborto, Oaxaca hizo lo propio la semana pasada; ambos estados desde ahora consideran que es legal la interrupción intencional y sin motivo del embarazo de hasta 12 semanas de gestación.

Por lo anterior, la legalización o no del aborto ha vuelto a ser el tema del momento. En Coahuila la iniciativa tiene más de un año en espera en el Congreso. Fue presentada precisamente en octubre de 2018 por la diputada local Claudia Isela Ramírez, del PRD, iniciativa en la que pide modificar el Código Penal local para permitir la interrupción del embarazo en términos muy parecidos a la propuesta presentada a nivel nacional por el partido Morena en 2017, y por la aprobada en Oaxaca y Ciudad de México.

En la iniciativa local, la autora funda su solicitud en la consideración de que la interrupción legal del embarazo va más allá de ideas morales o religiosas, y que el mismo es más bien un asunto relacionado con los derechos humanos, ya que al criminalizar a la mujer por tomar decisiones sobre su cuerpo, violenta sus derechos sexuales y reproductivos. Con esto, considera que el derecho a elegir de la mujer puede y debe preferirse, al derecho que el embrión tiene de desarrollarse y vivir. Es decir, la cuestión del aborto solo tiene que ver con los derechos de las mujeres, los cuales dice son violentados al considerar que estas, en un embarazo no deseado, son utilizadas como un medio en provecho para lecciones de moralidad, ideología o creencias religiosas hacia los otros.

Además, en la propuesta se asegura que los detractores del aborto confunden las ideas de vida y persona, ya que comúnmente los principios a los que solemos apelar sobre el tema son, por ejemplo, que “las personas son libres e iguales” o “nacen libres e iguales”, por lo que en todo caso hablamos solo de sujetos nacidos y de personas, y no de seres vivos. Estas distinciones, como sabemos, resultan cruciales en esta discusión legal y filosófica, ya que nadie puede negar que no es lo mismo un ente “vivo” que una “persona”, y cuando hablamos de “igualdad”, lo hacemos pensando solo en personas, obviamente en personas nacidas, lo que de entrada pareciera correcto.

Sin embargo, lo que no prevé esta iniciativa es que el aborto “pulveriza el derecho a la vida de la persona por nacer”, lo que nos debe regresar al principio de que los derechos de las personas no nacidas deberán ser también inviolables y no pueden sacrificarse por las meras pretensiones en contrario de una mayoría ocasional. Es decir, que la idea de preservar derechos frente a cualquier demanda debe prevalecer, y estos derechos forman parte de la esfera de los “no nacidos”, la cual es una esfera ajena, por lo que en consecuencia no se deben descuidar por motivos de una política “progresista” o una mera moda.

En resumen, es evidente que no hay argumento que sea suficiente para considerar que es correcto o incorrecto el autorizar el aborto, lo que nos obliga a dejar entonces este tema por la paz, pero, además, a centrarnos en lograr leyes de bien, que logren hacer que los ciudadanos gocen de iguales oportunidades y derechos, pero que todas estas vayan dirigidas hacia la transformación social que nos beneficie y nos dignifique, y nunca como factor para que nos pierda o nos envilezca. Eso jamás será benéfico.
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