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Federico Muller
Federico Muller
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03 Mayo 2019 03:40:00
El agua, ¿un bien escaso?
Hace unas semanas, dos investigadores de la universidad publicaron en la introducción del libro Agua, el Futuro Ineludible, una frase que me llamó la atención por lo pertinente para el caso de ciudades y regiones con carencia del vital líquido, entre las cuales, infortunadamente, se debe incluir a Saltillo.

La cita referida decía: “El agua dulce en la Tierra es la misma que en la época del Imperio Romano, pero la población ha pasado de 200 millones a más de 7 mil 200, y la economía mundial ha crecido aún más…”.

De ser verídica esa aseveración, la demografía mundial se encuentra frente a un reto difícil de superar, que requerirá de una nueva cultura para tratar el agua e implementar la tecnología de frontera para racionalizar su uso doméstico, industrial y agropecuario.

Tanto en el contexto local como mundial, si no se procede con diligencia, los habitantes del planeta sufrirán las consecuencias, particularmente los sectores más vulnerables económicamente. Como es un problema de sobrevivencia de la humanidad, quizá sea necesaria la creación de instituciones supranacionales que formulen y apoyen propuestas públicas que se acompañen con la voluntad política de cada Gobierno.

En Coahuila, como en otras entidades de la República, la situación hídrica es crítica porque las unidades de producción (pozos freáticos) la tasa de explotación que mantienen es superior a la de recarga por las escasas lluvias en la región. Además, en el país, alrededor de 80% del agua extraída se destina a las actividades agrícolas y ganaderas.

Aunque sus dimensiones geográficas, idiosincrasia y población son completamente diferentes a las de México, Israel puede ser un buen referente a seguir con las adecuaciones pertinentes en las políticas públicas que puedan llevar a cabo las autoridades gubernamentales mexicanas. Se sabe que del agua que consume el país judío, solamente 28% proviene del subsuelo y el resto de las fuentes está diversificado, pues van desde la marítima hasta la de reutilización de las llamadas aguas negras.

No hay que olvidar que Israel está asentado en una superficie desértica, con lluvias poco frecuentes, condición natural, que se ha agravado por los fenómenos naturales propiciados por el proceso de industrialización, que por supuesto incluye los medios de transporte de combustión interna (Graizbord y Arroyo: 2019).

La paradoja del agua. Si partimos del supuesto económico de que los precios de los productos se elevan en la medida que escasean, parece que esta hipótesis no es consistente con el agua, viéndolo desde una perspectiva a escala planetaria, que comprende también fuentes lacustres y fluviales. Se estima que 450 mil millones de toneladas de agua se utilizan para cubrir los requerimientos de los habitantes de las ciudades del mundo, mientras que alrededor de 3 mil millones las absorbe la agricultura de riego, y más de 20 mil millones se destinan a la generación de energía eléctrica. Esto cobra sentido al compararlo con el consumo mundial de petróleo o trigo, cuyos volúmenes anuales son inferiores al del agua (Graizbord y Arroyo: 2019).

De acuerdo con lo anterior, el problema del suministro del agua no consiste en su escasez, sino que existen otros factores que intervienen para hacerla un bien casi prohibitivo para muchas familias, que dependen de la contratación de camiones cisterna para poder abastecerse.

Algunos de esos factores son las añejas tuberías que distribuyen el agua potable a las viviendas, que son porosas y ocasionan pérdidas del vital líquido, así como la contaminación de los cuerpos de agua.
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