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Aida Sifuentes
Aida Sifuentes
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Es originaria de Sabinas, Coahuila. Egresó de la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la Universidad Autónoma de Coahuila y actualmente estudia ingeniería civil en la misma universidad. Colaboró en el Centro Cultural Vito Alessio Robles como correctora de estilo, y se ha desempeñado como periodista cultural. Es ajedrecista profesional y lectora por vocación.

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16 Junio 2019 04:01:00
¿El ajedrez, inmutable?
Que una idea se haya repetido desde el inicio de la historia hasta la actualidad, no significa que sea correcta o que no existan otras formas posibles de realizarla.

La campaña #MoveForEquality impulsada por Magnus Carlsen, actual campeón del mundo, no fue del todo bien recibida por algunos ajedrecistas.

A través de esta iniciativa, el número 1 mundial, junto a Anish Giri, buscan fomentar la equidad sin distinción por el color de piel, para esto se dispusieron a romper una de las reglas primigenias del juego: blancas primero.

En el encuentro acordado por los grandes maestros en un bar de Oslo, por primera vez en la historia, empezaron las negras. La campaña no busca hacer una transformación en el reglamento oficial de la FIDE, sino permitir a los ajedrecistas ver el mundo desde diferentes perspectivas.

Algunos se atrevieron a señalar que la medida solo respondía a las necesidades de popularidad en la época de actuar sobre lo políticamente correcto, como si esta fuera la primera vez que el ajedrez sufre una transformación.

Si tratamos de rastrear el origen del juego es casi imposible saber a ciencia cierta de dónde llegó. Algunos historiadores asumen que el “chaturanga” en India fue el predecesor del ajedrez y que llegó a Europa entre el 700 y 900 con la invasión de los árabes, para después irse extendiendo por el mundo a base de las conquistas y cruzadas.

A través de todo este tiempo, el juego fue sufriendo pequeñas modificaciones hasta llegar a ser lo que es hoy en día. Primero se usaban dados para sortear cada movimiento (práctica que desapareció hasta los 1200).

En el año 1090 se introdujo la diferencia de casillas claras y obscuras. A finales del 1200 se introdujo la novedad de que el peón pudiera avanzar dos casillas en su primer movimiento. A finales de 1400 el “visir” se transforma en lo que hoy conocemos como la dama. En el año 1500 se introduce el enroque y fue hasta 1600 que fue aceptado como un sólo movimiento. A partir de entonces llegamos a lo que conocemos como el ajedrez moderno.

Es la capacidad de transformación del juego lo que le ha permitido mantenerse como uno de los favoritos de millones de personas alrededor del mundo. Incluso en la época moderna, el uso de relojes para realizar partidas rápidas o desempates como el armagedón, vistos en el Norway Chess la semana pasada, nos permiten seguir disfrutando de las nuevas posibilidades del juego.

Negarnos al cambio no solo es necio y sin sentido, sino que significa un desconocimiento absoluto de la historia. en el ajedrez y en todos los aspectos de la vida.
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