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Macario Schettino
Macario Schettino
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Doctor en Administración, candidato a doctor en Historia. Es profesor en la división de Humanidades y Ciencias Sociales del Tecnológico de Monterrey. Ha publicado 15 libros, el más reciente: "Cien años de Confusión. México en el siglo XX", con Taurus. Su columna consiste en análisis sencillos de fenómenos económicos y financieros.

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01 Enero 2010 04:46:54
El año del centenario
Iniciamos el año del Centenario. Regresamos al cabalístico número 10, aunque al momento de escribir estas líneas no tengo información todavía de ningún levantamiento que quiera emular al de los zapatistas de 1912 o de 1994. Espero que cuando usted lea esto sigamos sin tener ese tipo de levantamientos, que han mostrado una y otra vez su inutilidad, y su alto costo. Pero no tenga duda de que sí hay diversos grupos, todos pequeños, que creen que no se puede desaprovechar un año como éste.

Durante los últimos meses del año que acaba de terminar, a través de todo el país, tuve la oportunidad de participar en diversos eventos en los que nunca faltó alguien que preguntaba acerca de esta irrevocable calamidad de los años 10. Tal vez por ello resultó tan creíble el chantaje de los grupos de interés en la discusión del presupuesto: o más presupuesto o estallido social, dijeron tanto los campesinos como la universidad pública. Y el chantaje les funcionó: estos dos productos del corporativismo mexicano obtuvieron más centavos para el año del entenario.

Mientras muchas personas se preocupaban por esta cábala, casi nadie parecía al tanto del comportamiento de la producción de petróleo en México, de su hundimiento. Es decir que les preocupaba más un mito numérico que un hecho comprobado. Porque si de algo deberíamos estar preocupados en este año es precisamente del fin de nuestra abundancia. No es broma, en los últimos 45 años los mexicanos hemos consumido, cada año, entre 5 y 10% más de lo que producíamos, y todo lo pagó el petróleo. Cantarell, para ser más específico. Y ya se acabó, como deberíamos saberlo todos.

Es decir que en este año del Centenario tendremos que reducir nuestro consumo, o incrementar nuestra producción, nada más para seguir como siempre. Ya no para vivir mejor, sino nada más para no empeorar demasiado. Durante el siglo XX, sólo logramos crecer cuando agotábamos algo: entre 1940 y 1965, la tierra disponible; de 1965 a 1980, el crédito internacional; y desde entonces, el petróleo. Hoy ya nos acabamos todo: tierra, crédito y petróleo, y no nos queda más que ponernos a trabajar, aunque se oiga fuerte, y más en el 1 de enero.

En realidad, lo que hoy enfrentamos debimos haberlo enfrentado en 1980, pero Cantarell nos salvó. Por 30 años. Pero nada dura para siempre, y esas tres décadas de tregua que tuvimos han llegado a su fin, y no parece que tengamos otra salida que resolver lo que hemos hecho mal durante tantos años. No nada más estos 30, sino los 50 previos.

Cuando México construyó su régimen político en los años 30, lo hizo siguiendo la lógica que entonces parecía viable: el corporativismo. Todos los países hacían lo mismo en esa época. Los países europeos, sin embargo, terminaron el experimento en la Segunda Guerra Mundial, mientras que los latinoamericanos lo hicieron con dictaduras militares. El único régimen corporativo que logró sobrevivir cinco décadas fue el nuestro, gracias a la brillante combinación con el presidencialismo y con el nacionalismo revolucionario.

El problema de esa duración es que un régimen corporativo exige una permanente redistribución de riqueza, del país entero hacia los grupos que sostienen al régimen, las corporaciones. Esa persecución permanente de rentas impide construir una economía creadora de riqueza, y por eso México no la crea. No imagine usted que nuestro problema con el crecimiento es un asunto reciente, México en realidad sólo pudo crecer, decíamos antes, cuando tuvo algún recurso excedente que agotar.

Este año del Centenario, si tenemos suerte, debería ser el año en que abandonemos, de manera definitiva, los residuos del régimen de la Revolución. Este año deberíamos tomar las decisiones que nos transformen en una economía creadora de riqueza, que limiten (y pronto eliminen) las transferencias a las corporaciones, y que por fin liberen nuestras mentes de esos mitos que hoy nos detienen.

Precisamente por eso, porque espero que así sea este 2010, le puedo decir de todo corazón: feliz año.

http://www.macario.com.mx

Profesor de Humanidades del ITESM-CCM
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